Para el verano

1 07 2009

Llega el verano y se acaba el curso. Aquellos que tienen la suerte de tener pequeñuelos (esos que se pasan la vida diciendo que cuando son chicos te dan ganas de comértelos y después te arrepientes de no habértelos comido) y no saben qué hacer para canalizar sus energías, tienen, en primer término, la opción de adquirir un Baby H. P., genial invención del ingeniero Juan José Arreola. No suelo hacer publicidad en este blog, pero quienes deseen informarse acerca de sus muchas virtudes, pueden hacerlo pinchando aquí.

Otra opción, gratuita y, en mi opinión más interesante, es inscribir a los chicos en alguna de las varias actividades que las instituciones ofrecen, por ejemplo, el Campamento de Verano de la Biblioteca Pública del Estado o esta oferta que llega directa y calentita desde la Casa Museo de Colón.

Vacaciones en la Casa de Colón

Talleres de Verano 09
Niños y niñas de 5 a 12 años
21 julio - 27 agosto (cuatro turnos)
De 11,00 a 13,00 h.
Gratuitos (plazas limitadas)

La Casa de Colón organiza actividades americanistas destinadas a niños y niñas de vacaciones, con la finalidad de difundir de forma lúdica sus contenidos. Los talleres combinan actividades con visitas a las salas del Museo.

TALLERES

  • LOS PRECOLOMBINOS. Conoceremos algunos de los pueblos que ocupaban el continente americano y haremos conexiones con otros lugares del planeta a través de su cerámica.
  • LA ISLA MÁGICA. Basándonos en cartografía, narraciones, referencias históricas y leyendas sobre la isla de San Borondón, reconstruiremos el imaginario de la isla mágica.
  • EN EL FONDO DEL MAR. Echaremos un vistazo al fondo del Océano Atlántico para descubrir los tesoros de los galeones naufragados y una variedad de especies marinas.
  • LA FÁBRICA DE SOUVENIRS. Reflexionaremos sobre la imagen del Museo que nos gustaría conservar como recuerdo y cómo la plasmaríamos en un objeto físico.
  • ZONA AMAZONAS. Aprendiendo de los pueblos que viven en la selva del Amazonas, podemos obtener muchos de los recursos renovables que no destruyen el medio ambiente.
  • EL RINCÓN DEL PIRATA. Haremos un pequeño juego dramático para aprender más sobre los piratas y transformarnos en ellos.
  • TURNOS
    1º: 21, 22 y 23 julio
    2º: 28, 29 y 30 julio
    3º: 18, 19 y 20 agosto
    4º: 25, 26 y 27 agosto

    Más Información e Inscripción:
    CASA DE COLÓN
    Departamento de Educación y Acción Cultural

    c/ Colón, 1. LPGC - 928 312 373/384/386 - deaccolon@grancanaria.com
    http://www.casadecolon.com

    Ya saben las mamis y los papis: Biblioteca, Casa de Colón o Baby H. P.



    Domingos

    28 06 2009

    Celia le telefonea cada domingo desde hace ya meses. Siempre a las cuatro de la tarde, cuando el barrio comienza a despertar tímidamente de su siesta mansurrona. Tiene una voz adolescente y risueña, con momentos de duda o timidez. Le pregunta como está y le habla de cómo está ella misma. Le cuenta que acaba de llegar de dar un paseo por la avenida de la playa o que pasó el sábado por la noche con un nuevo novio que no acaba de convencerla. Luego salta de un tema a otro con elasticidad de contorsionista. Polanski, Hermann Hesse y Magritte conviven en ella con la ductibilidad del cobre, la composición química de la atmósfera secundaria o los peligros de las grasas saturadas. Él la escucha con placer, le da las réplicas, sugiere nuevos temas cuando, sorprendentemente, la conversación tiende a la languidez. Casi siempre acaba hablando de lo mismo: de lo sola que se siente, de la tentación que la asalta en ocasiones de coger el coche y presentarse a la puerta de su casa, de la manera en que se imagina entre sus brazos, desatando una pasión contenida hace tanto. Entonces él propone que se vean de una vez por todas, que prueben a encontrarse. Algún día lo haré, concluye Celia. Algún día me presentaré ahí y nos enfrentaremos a la verdad. Algún día. Puede que pronto. A lo mejor lo hago esta semana.

    Siempre la misma cantinela. Y siempre el mismo resultado: el Cuídate mucho, mi amor, hasta el domingo, justo antes de colgar.

    Él, entre otras muchas cosas, se pregunta si se atreverá algún día a dar ese paso, si realmente se acercará hasta su casa (él no podría, porque no sabe dónde vive ella) y mostrará, de una vez su rostro. También se pregunta cuándo se conocieron, cuándo se vieron por primera vez. Al principio, Celia solía aludir a vagos encuentros en inauguraciones de exposiciones o a una copa tras una mesa redonda o a amigos comunes que los habían presentado.

    Esas son algunas de tantas preguntas. Tantas preguntas que se hace y le haría si no temiera que dejase de llamar, ahuyentada por su insistencia. Porque, aunque al principio pasó de la extrañeza a la inquietud hasta llegar a la costumbre, aunque pensó que estaba loca o que se trataba de alguna antigua amante que quería burlarse de él, ahora no sería capaz de pasar el domingo sin sus llamadas desde número oculto, sin su conversación dispersa, sin sus posibilidades de encuentros que jamás se realizarán, estaría perdido entre las tinieblas de la soledad.

    Por eso los domingos está siempre a esa hora en casa. Por eso no se separa del teléfono hasta que llama. Por eso después de cortar, se arregla y sale a recorrer la ciudad vacía y adormilada, donde, quién sabe, quizá se cruce con Celia.

     



    El blog de Factoría de Ficciones

    25 06 2009

    El pasado martes, 23 de junio tuvo lugar la última sesión de la primera edición de Factoría de Ficciones. Casi todos los textos escritos por los participantes están colgados ya en el blog, aunque quedan pendientes de corrección y publicación los últimos trabajos.

    Si te apetece pasarte por allí y leer esos cuentos, la puerta está abierta.

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    Factoría de Ficciones es un taller teórico-práctico en torno al cuento literario, que tiene lugar principalmente en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas de Gran Canaria, además de (en su versión intensiva y de forma puntual) otros ámbitos, como la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el Centro Penitenciario de Salto del Negro (dentro del proyecto Leer es Libertar) y algunos IES.

    La dinámica del taller remite sólo lejanamente a marcos teóricos. En Factoría de Ficciones preferimos analizar el fenómeno. Así, leemos y analizamos cuentos y, tras desmenuzarlos, extraemos de ellos las técnicas con las que, posteriormente, los participantes elaboran textos a partir de las propuestas que surgen a lo largo del taller. De esta manera, al mismo tiempo que adquieren una bibliografía adecuada sobre la disciplina, reflexionan acerca de los engranajes de la maquinaria narrativa y la ponen en marcha.

    Los textos que puedes leer en el blog de la Factoría son algunos de los elaborados a partir de esas propuestas.

    El taller comienza con una mirada al cuento tradicional y sus recursos, como contraposición al cuento literario, y con la escritura de un cuento de aquel estilo, que luego es reescrito desde una perspectiva contemporánea, confiriendo mayor importancia a la fijación textual, cambiando puntos de vista, tiempos verbales, etc.

    Una vez metidos de lleno en el género, las propuestas aluden a los aspectos que mayor dificultad pueden presentar a quienes desean aumentar su eficacia cuando se enfrentan a un terreno tan resbaladizo como el relato breve: los comienzos, los finales, las personas gramaticales, el ritmo narrativo, el manejo de la intensidad, la elaboración de argumentos verosímiles, el tiempo y modo verbales, la escritura de diálogos y monólogos.

    Estos asuntos continúan estando presentes en los muchos ejercicios de estilo posteriores, a partir de juegos literarios como el binomio fantástico, el Logo-Rallye, la literatura definicional, el S+7, la escritura de cuentos fantásticos originados en la literalidad de frases hechas y proverbios, la elaboración de cuentos disfrazados de recetas de cocina, de manual de instrucciones, de prospectos médicos o de noticias…

    Además, prestamos especial atención a las muñecas rusas o cajas chinas y a la evolución más reciente del género: el microrrelato, tan popular como incomprendido.

    ¿Por qué publicar estos textos en un blog? Pues, sencillamente, porque creo que los textos sólo son escritura hasta que la mirada del lector decide convertirlos en literatura y porque saltar a la arena es lo único que puede convertirte en un buen gladiador.

    Posteriormente, aparecerá un volumen con una selección de textos escritos por los participantes en Factoría de Ficciones, pero un blog es una forma ideal de llegar al público, evitando talar arbolitos sin necesidad y sometiendo el propio trabajo a la crítica de los lectores, tan útil como necesaria.

    Factoría de Ficciones en la Biblioteca Pública del Estado volverá a tener lugar, en su segunda edición, a partir del 13 de octubre. Si te interesa y deseas apuntarte, la inscripción se abrirá, probablemente, a mediados de septiembre. En esos días, convendrá que estés pendiente de los comunicados de la Biblioteca o de este blog, ya que, aunque la matrícula es gratuita, el número de plazas es limitado.



    El asesino

    25 06 2009

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    El viejo murió hace tiempo, pero no lo sabe.

    Murió el día en que yo decidí que lo hiciera. Es solo cuestión de llevar a cabo una acción física. Por lo demás, el viejo está muerto. Lleva muerto casi dos años. Yo mismo lo asesiné, un sábado de octubre, a medianoche, cuando tomé mi determinación. Justo en ese instante, el viejo murió a mis manos. Desde entonces, su cadáver anda, habla, come, duerme y defeca por mera inercia. Está muerto, aunque él no lo sepa. Es mi voluntad lo único que le permite continuar haciéndolo. Hasta el día en que tenga una buena oportunidad o haya tiempo o, simplemente, me apetezca cumplir con el mero trámite de hacerlo oficial.

    Podría entrar ahora mismo en el cuarto de al lado, donde el viejo duerme y hundirle el cráneo a martillazos. O asfixiarlo con esa segunda almohada que siempre se empeña en pedirme. Podría, también, sorprenderlo en la bañera y sumergirle la cabeza bajo el agua, empujar por las escaleras su cuerpo decrépito e inútil, darle un empujón cuando se encuentre en el balcón regando sus malditos geranios.

    Pero hoy no lo haré. Me siento perezoso. Como me he sentido los dos últimos años. Justo desde aquel sábado de octubre en que murió mi madre y yo asesiné al viejo. Como me sentiré, seguramente, mañana. Esa pereza mía (la misma que me mantiene aquí, atado al viejo) es lo único que le permite continuar paseando entre nosotros como si estuviera vivo. Pero sé que no lo está. Que lo maté hace ya tiempo. Que su inmunda presencia de perro sarnoso no es más que una impostura, una mala costumbre, un simulacro.

    Puede, incluso, que antes de que yo tenga uno de mis días laboriosos (uno de esos días en que me levanto con ganas de hacer cosas y lijo, por ejemplo, las sillas del comedor para volver a barnizarlas) y pueda hacer efectivo ese hecho que hace ya tanto que ocurrió, el viejo suelte un último gargajo mientras babea sobre su sopa o se duerma para no despertar jamás o, sencillamente, caiga fulminado por un infarto repentino. Eso no cambiará nada. Seré yo quien habrá acabado con él. Yo, su hijo. Yo, su asesino.



    Ceremonias

    24 06 2009

    Éramos amantes. Ella venía en las tardes de los días de diario, con la excusa de la devolución o el préstamo de un libro, un disco, una película en deuvedé, ya que casualmente me pillaba de paso, ya que visité a una amiga que vive cerca y aproveché, ya que suspendieron la conferencia o, simplemente, en el último momento me arrepentí y no entré, porque tenía pinta de ser todo un rollo macabeo.

    Solía traer pequeños obsequios: dulces caseros, manos de plátanos, ciruelas en julio, flores cogidas cerca de su casa del campo, de las cuales ninguno de los dos conocía el nombre y que yo ponía en un jarrón en el que se iban secando poco a poco.

    Yo hacía café y lo acompañábamos de sus dulces o de unas galletas y conversábamos sobre su trabajo y el mío, sobre proyectos imposibles y películas que había que ver, hasta que cierto brillo en nuestros ojos acompañaba a ciertos silencios y determinadas sonrisas se prolongaban, convirtiendo nuestros labios en fauces de predador hambriento.

    Entonces hacíamos el amor. Mientras a través de la ventana llegaba el ruido de los chicos del barrio jugando a la pelota, mientras los vecinos llegaban a casa o comenzaban a preguntarse qué harían de cenar, nosotros hacíamos el amor. Ajenos a la ciudad y al tedio, hacíamos el amor, con mis manos esculpiendo su cuerpo, con su boca dibujando el mío. El calor se convertía en sudor, en asfixia, en ardor insoportable que, sin embargo, buscábamos con avidez de enajenados. Hacíamos el amor, nos hacíamos el amor, nos deshacíamos en el amor. Sin preguntas, sin cortesías, sin concesiones. Con hedonismo feroz, con lasciva ternura, con acritud de palabra sucia susurrada al oído por labios pintados para la castidad.

    En la noche cerrada, prendíamos cigarrillos, nos paseábamos desnudos por el dormitorio, nos descubríamos lunares y marcas, volvíamos a conversar sobre su trabajo o el mío, sobre películas que había que ver, sobre proyectos que ahora sí parecían posibles, cuando el deseo saciado hacía que nos temblaran las piernas y que el aire nos doliera en los pulmones.

    Cuando la conversación comenzaba a languidecer, había algún gesto tierno, un beso, una caricia, una mano recorriendo la piel de un torso, unos dedos jugando con un sexo al mismo tiempo que la brisa de la noche penetraba en la habitación.

    A esa hora, ella recordaba que debía irse. Desde la cama, la observaba recoger del suelo sus prendas, ponérselas con eficiencia, dirigirse al baño para arreglarse un poco.

    Luego se marchaba para encontrarse con un marido que acababa de llegar a su casa y de quien nunca supe mucho más que el nombre y el oficio.

    No sé exactamente cuándo ni cómo terminó aquello. Simplemente, dejó de venir a visitarme, dejamos de ser amantes.

    Quizá abandonó a su marido. O abandonó la infidelidad. O ni una cosa ni la otra y, en este mismo instante, hace el amor con otro hombre solitario a quien ha obsequiado unos plátanos, una flor sin nombre conocido, unas ciruelas, ahora que es julio.

    No lo lamento. No experimento nostalgia. Después de aquello, he amado mucho. Me han amado mucho.

    Sin embargo, si me preguntaran por la felicidad, sin dudarlo un solo momento, hablaría de aquellos atardeceres de diario en que nos amábamos con un ansia tan egoísta como sincera, mientras afuera la ciudad seguía con su monótono devenir, ajena a ese dormitorio donde se desplegaban las ceremonias del deseo. 



    Visita al CEIP Bañaderos

    20 06 2009

    Les dejo un enlace entrañable, con el blog de la Biblioteca del CEIP Bañaderos, donde estuve de visita con Noelia Liria para charlar con los alumnos de Tercer Ciclo de Primaria acerca de La princesa cautiva.

    libro_alexisravelo_laprincesacautiva

    Fue un encuentro muy agradable y el reportaje fotográfico es muy bonito, música de Tchaikovski incluida.

    Espero que lo disfruten. Yo, por mi parte, me lo guardo para la Egoteca.  



    Cuidado del vocabulario

    20 06 2009

    palabras

    En cierto país hubo hace tiempo una mujer que acariciaba palabras.

    Cuando aprendía una nueva, o recordaba alguna a la que amaba particularmente (esto último ocurría con mayor frecuencia), le pasaba los dedos por el lomo a la palabra elegida, iniciando una caricia interminable. Entonces, sus manos eran alas de pajarillo, lenguas de cachorritos de San Bernardo, sábanas recién lavadas tendidas hacia la brisa del poniente.

    La inasible ternura que le producían hacía que sus manos no bastaran; así, las acariciaba con los ojos, con los labios, con la lengua, con los pies, con los lóbulos de las orejas, con la punta de la nariz, con su piel toda, hecha puro temblor.

    Las palabras correspondían a su buen trato y se quedaban allí, flotando en torno a ella, con estremecimiento de letras y armonía de sonidos, hasta que les volvía a tocar su turno de caricias.

    Y la mujer no hacía distingos. Amaba tanto a la palabra oso, pequeña, mimosa, reversible, como a la palabra ignominia, que no le sonaba tanto a iniquidad como a ignota, y traía, por tanto, a su mente, novelas de marinerías y aventuras que habían dado color a su infancia.

    No obstante, tenía sus debilidades: lamía la palabra mirada, se derretía al entrar en contacto con la palabra  amante, revoloteaba en un paraíso azul cuando recordaba la palabra libélula, mientras que la palabra orgasmo la nimbaba de una turbación dulcemente acre, conduciéndola a la caricia de la palabra delicuescencia, la palabra éxtasis, la palabra lubricidad.

    Las personas serias, las personas razonables, las que son como Dios manda o como hay que ser, le hacían notar los peligros de su democrática dulzura. Cuidado, le decían, las palabras son armas. Es preciso ponerlas en cuarentena, entre paréntesis. Entrecomillarlas. Taxonomizarlas. Agruparlas. Clasificarlas. Las caricias son, en primer término, arbitrarias; en segundo, inútiles; en último, dependiendo de la ocasión, podrían llegar a constituir un hábito peligroso, porque las palabras pueden estar cargadas de falsedad, de ira, de rencor, de los más insospechados venenos.

    Pero la acariciadora de palabras respondía que no hay palabra mal dicha, sino mal comprendida, y persistía en sus costumbres. Alguna vez, incluso, cuando el plenilunio la llevaba a añorar querencias, las palabras se metían en su cama y le merodeaban la epidermis, sintiéndose privilegiadas y arrancándole suspiros de delicia.

    La inagotable acariciadora llegó al final de su vida, que fue larga y feliz, acompañada por sus amadas, a las que había otorgado una pasión tan exclusiva como constante.

    La hallaron en su lecho, sonriente y plácida, totalmente cubierta de un amable manto confuso de letras y sílabas. Dos acentos sellaban la comisura de sus labios. Una diéresis le cosquilleaba en la punta de la nariz. Un punto esperaba a su letra i convertido en lunar de su barbilla.

    Nadie entendió (nadie ha entendido aún; acaso nunca nadie lo hará) que, al acariciar a las palabras, esta mujer única acariciaba las cosas que aquéllas designaban; que al acariciar a las palabras, estaba, en realidad, acariciando al mundo.



    Taller Vidas Cruzadas

    15 06 2009

    escribir

    Internos del Centro Penitenciario de Salto del Negro y alumnos de Diversificación Curricular del IES Josefina de la Torre han participado en estos días en un taller conjunto que surgió a partir de la iniciativa y el trabajo voluntario de dos profesoras (Inma y Elia) y un funcionario de prisiones (Roberto).

    La idea era tan sencilla como atractiva: reunir a los dos colectivos implicados, hacerles participar en una sesión intensiva sobre la escritura en primera persona a partir de recuerdos de la infancia, agruparlos por parejas mixtas para permitirles que se conocieran un poco a lo largo de una conversación y, finalmente, proponerles que elaboraran cada uno un texto poniéndose en el lugar del otro.

    Internos e internas de diferentes edades y procedencias escribiendo como si se tratara de chicos y chicas de edades de espectro menos amplio pero igual diversidad geográfica y, sobre todo, biográfica. Alumnos y alumnas de secundaria viendo la vida a través de los ojos de aquellos adultos, compartiendo sus recuerdos, sus ilusiones, su memoria.

    A lo largo de casi un mes, han trabajado en firme para que sus textos fueran cada vez mejores. Ahora ya puedes leerlos en el blog de Vidas Cruzadas. Además, si sientes curiosidad, podrás enterarte de cómo surgió y se desarrolló este proyecto, averiguar algo más sobre todos y cada uno de los participantes, leer algún otro texto que escribieron más allá de lo que se les proponía. Te aseguro que, como poco, te llevarás alguna sorpresa.

    En Vidas Cruzadas, aparte de quienes tomamos las riendas en un principio,  han colaborado muchas personas más, que han aportado su generosa ayuda, como Ismael González y Gonzalo Berzosa. A ellos y a quienes no nombro, aprovecho para expresarles mi agradecimiento en nombre de todo el grupo.

    Por mi parte, puedo asegurar que nunca había aprendido tanto en tan poco tiempo.



    Atardeceres de Ítaca

    13 06 2009

    ulises-calypso

    No podría negarlo: ningún vino más dulce que el de Ítaca, ninguna compañía mejor que la de Telémaco, ningún vientre más cálido que el de Penélope. Sin embargo, algunos atardeceres, Ulises da en contemplar el mar y, en silencio, añora las cóncavas grutas de Calipso.



    Amaneceres de Ítaca

    13 06 2009

    penelope

    Por supuesto que se siente feliz. El retorno de su amado fue durante años su mayor anhelo. Él trajo de nuevo el orden a Ítaca. Ahuyentó a  los arrogantes pretendientes. Impuso respeto en su casa.  Pero, en ocasiones, cuando la Aurora de rosáceos dedos invade el cielo, Penélope se demora en el lecho, experimentando ciertas dudas acerca del futuro junto a ese cuerpo cansado que reposa junto a ella y que ya no es el mismo del héroe vigoroso de antaño. Entonces, aunque jamás lo confesaría, se pregunta qué habrá sido de aquellos altivos galanes que gozaban en su patio.



    Retornos

    13 06 2009

    Me despierta la voz de mi madre, pronunciando palabras como “café”, “desayuno”, “enfriar” y “tarde”. Abro los ojos y la veo, anciana y activa, con su ropa de andar por casa, mostrando una de esas sonrisas presurosas de tantas mañanas de mi adolescencia.

    Cuando se va, miro a mi alrededor y reconozco mi habitación en la antigua casa familiar, con mi cartel de Novecento y los muebles que en los años ochenta ya se habían quedado viejos. Del día anterior, recuerdo la última discusión a gritos, los insultos que Susana me escupió, los que yo le devolví, sus gritos horadando el atardecer, antes de marcharse dando un portazo, el horroroso silencio que invadió el apartamento mientras yo me refugiaba en el balcón con la tentación de arrojarme al vacío, pensando, quizá absurdamente, que en caso de no hacerlo, no sería más que un muerto en vida, una especie de zombi deambulando por una existencia que no le pertenece.

    Y ahora estoy aquí, en casa de mi familia. He pasado la noche en mi cuarto de soltero, en esta cama a cuyo borde estoy ahora sentado, buscando las pantuflas de toda la vida, sabiendo que no puede ser, que este calzado en el que se están introduciendo mis pies no puede estar aquí, ya que hace décadas que acabó en el cubo de la basura.

    En la cocina, tomo un sándwich de jamón con un café con leche, mientras miro a mi madre fregar la loza del desayuno de mi padre, que ha salido hace un rato a comprar el periódico y estirar las piernas. Volverá a media mañana y lo leerá en el jardín. Ella, sin dejar sus tareas (ha acabado de fregar y seca el poyo, pone en remojo unas verduras, vuelve a meter la leche en la nevera), habla de los precios del mercado de Buenavista, del trabajo nuevo de mi hermana, del estirón que ha dado mi sobrino, de la hinchazón de sus piernas.

    Yo la escucho, incrédulo, con la certeza que nada de esto puede estar ocurriendo. El mercado de Buenavista lleva cerrado más de diez años. Mi hermana no ha cambiado de empleo en quince. Mi sobrino dejó de crecer hace tiempo, está casado y tiene hijos. Y las piernas de mi madre no pueden estar hinchadas, por la sencilla razón que mi madre murió en 1993. De hecho, mi hermana y yo decidimos vender la casa tras la muerte de mi padre, que la sobrevivió pocos años más. Así que es imposible que yo esté ahí, desayunando y escuchando hablar a mi madre. Y, sin embargo, vaya si es posible, vaya si estoy aquí en este mismo instante. Sé que es posible porque me lo dicen mis sentidos, porque el café con leche está dulce y caliente, porque el sándwich tiene el sabor cremoso y salado del pan tostado a la plancha, tal y como siempre me ha gustado, porque la voz de mi madre no cesa de hacerse oír, hablando de cosas que pasaron hace años como si estuvieran teniendo lugar en estos días. 

    Regreso a mi habitación, me visto con las ropas que llevaba el día anterior (estaban ahí, hechas un ovillo, sobre la cómoda) y me quedo junto a la ventana, contemplando el jardín donde buganvillas y geranios despliegan la colorida fertilidad que enorgullece a mi madre. Me pregunto cómo puede estar ocurriendo esta abominación que, estoy seguro, no es un sueño.

    Y, justo cuando me lo pregunto, siento que no estoy solo. Me vuelvo y veo, en el vano de la puerta, la figura pequeña y serena de mi madre, que me observa en silencio, con una leve sonrisa en la que se mezclan la conmiseración y la ternura. Sé que ella sabe lo que ocurre. Y yo comienzo a entenderlo, gracias a ella. La interrogo con la mirada y, ampliando su sonrisa, asiente. Después me dice que estoy muy flaco, pero que ella se encargará de solucionar eso. Antes de marcharse, agrega que hoy preparará estofado con especias de carne al toro, como a mí me gusta. Mientras sus pasos se alejan por el corredor, me pregunto dónde estará Susana y, casi instantáneamente, me respondo que no importa. Recuerdo que es domingo, buen día para proponer a mi padre que vayamos a pescar.



    La carretera, de Cormac McCarthy: para cuando aún estemos vivos

    8 06 2009

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    Un hombre y un niño recorren a pie una carretera que atraviesa de Norte a Sur el territorio de los Estados Unidos en una época, no muy lejana en el futuro, en que la vida en el planeta se ha extinguido casi por completo. La esperanza no es más que un vago incentivo. Lo único que les queda es el irracional empeño por sobrevivir. Sobrevivir al hambre y el agotamiento, sobrevivir al frío y a la enfermedad, sobrevivir a los grupos de maleantes y caníbales que deambulan por ese mundo sembrado de poblaciones y cadáveres calcinados, donde la luz del sol no es más que una espectral sospecha tras una eterna lluvia de ceniza. Sobrevivir porque ellos son el último signo de civilización, porque, tal y como el hombre le hace recitar al niño, son ellos quienes “llevan el fuego”.

    El hombre sabe que debe adiestrar al niño en los hábitos del superviviente, pero sin permitir que nada perturbe su candor y, sobre todo, evitando que se resquebraje una fe que él mismo no profesa. Tentado por el suicidio, acosado por las múltiples carencias y peligros a los que ambos están sometidos, el hombre se debate constantemente entre su propia y necesaria crueldad y la temeraria bondad del pequeño, nacido tras la hecatombe.

    Ese es el argumento de La carretera, de Cormac McCarthy. Se trata de una singular novela de eterna postergación (como El castillo, como El desierto de los tártaros), apocalíptica, hipnótica y poética, tremendamente plástica y reflexiva, en la que el inventario y la manipulación de los objetos toman el mismo papel central y simbólico que en Robinson Crusoe. Está escrita a rápidos párrafos que cierran secuencias completas, donde el norteamericano hace alarde de su habitual habilidad para interpolar con naturalidad en el relato los monólogos y, sobre todo, los diálogos de los personajes, verosímiles y, a la vez, sorprendentes. Se hace leer con fascinación, con horror, con emoción, como un largo poema sobre la inocencia, la memoria, la muerte, la solidaridad, la existencia de Dios y muchos otros temas, entre los cuales destaca, como suele suceder en la obra de McCarthy, la misma condición humana, la pregunta sobre cómo continuar siendo un ser humano en un mundo donde “no hay interlocutores de Dios”.

     

     

    La Carretera, de Cormac McCarthy (Trad. de Luis Murillo Fort), Barcelona, DeBolsillo, 2009, 210 páginas.

     



    Feria del Libro de Madrid

    3 06 2009

    Aviso, por si eres de allí o andas por allí: Estaré firmando en la Feria del Libro de Madrid.

    Mañana jueves 4, de 18:00 a 20:00 horas, en la caseta de Maidhisa (340), con los títulos que tengo en Anroart (Tres funerales para Eladio Monroy, La noche de piedra, Sólo los muertos y Algunos textículos).

    El sábado 6, de 19:00 a 21:00 horas, en las de Anaya (190 a 194), con Historia del bufón Alegre Contador y Los perros de agosto, la nueva criatura.

    Se agradecerá la compañía.



    Contrariedades de una dama

    3 06 2009
    Velázquez: La dama del abanico.

    Velázquez: La dama del abanico.

    Soy una señora y como tal me he conducido siempre. Pero el señor Cardamomo está a punto de hacerme perder la paciencia y, con ella, la compostura.

    Desde hace semanas, este hombre ha perdido el norte y me persigue por las calles. Va gateando detrás de mí, como un animal, y besa con enajenada dulzura la superficie de pavimento que mis pies han pisado. Por supuesto, todos le miran sorprendidos, escandalizados o burlones, y, al percatarse de que es mi presencia la causa de tan rocambolesco comportamiento, también me miran a mí, lo cual me colma de una vergüenza infinita.

    No contento con esto, en las ocasiones en que, irritada, me vuelvo y le afeo su conducta, el señor Cardamomo, se pone en pie (mostrando las desgarraduras que el roce del suelo produce en las perneras de sus finos pantalones de sastrería inglesa), saca del bolsillo de su levita una taza de delicada porcelana china y, tomando una a una mis palabras, las introduce en el recipiente para, acto seguido, bebérselas con parsimoniosa fruición.

    Como soy una dama, me niego a salir más allá de lo estrictamente necesario, para evitar así sus excentricidades y me quedo días y días encerrada en casa. Pero entonces es aun peor, porque el señor Cardamomo me envía flores y más flores y cestas de fruta y cachorritos de Cocker Spaniel y cajas de bombones y gatitos recién destetados y cartas. Docenas y docenas de cartas perfumadas con proposiciones que una señora no debe repetir. Mientras las leo, los mariachis ofrecen serenata tras serenata (ha establecido turnos de mariachis para que las canciones de amor no dejen de sonar al pie de mi balcón). Los suspiros del señor Cardamomo (se pasa los días ahí, junto a los músicos, arrodillado), penetran en mis estancias a lomos de la música, arañan los muebles y las paredes y vienen a posarse en mis mejillas ruborizadas, en mi cuello de poros abiertos, en mi escote invadido por un extraño ardor.

    No contento con ponerme en esos aprietos, en ciertas ocasiones pierde la cabeza y mi jardinero da con ella entre los geranios o la cocinera se la encuentra al pie de los fogones. Me veo obligada a devolvérsela con alguna de las doncellas, que se la acerca metida en una sombrerera, con una nota de mi puño y letra en la que le ruego que no permita que vuelva a ocurrir.

    Yo soy una dama. Una verdadera señora. Por eso se comprenderá mi turbación cuando en las recepciones (a las que no entiendo por qué continúan invitando a este señor tan grotesco) siento repentinos mordiscos y chupetones en los más inconfesables rincones de mi cuerpo, sin que pueda quejarme formalmente, ya que es su mirada la que produce tales sensaciones. En efecto, en esos instantes siempre lo descubro en un rincón del salón, lanzándome los invisibles rayos de su deseo concupiscente con esos dos candiles negros que el Diablo le ha dado por ojos.

    Y ahora, para colmo de males, ha adoptado una nueva y sorprendente mala costumbre: la de morirse por mí. De hecho, esta semana ya hemos tenido que asistir tres veces a sus exequias.

    Me pregunto cuándo acabarán las locuras del señor Cardamomo, pues ya me resulta difícil controlarme y está a punto de sacarme de quicio. Si eso ocurre finalmente, si consigue hacerme perder los estribos, mis acciones se precipitarán irremediablemente, sin que ni yo misma pueda hacer nada por evitarlo: me arrojaré sobre él y lo haré mío y lo devoraré beso a beso, mordisco a mordisco, hasta el más mínimo pedazo de su firme carne, hasta el tuétano de sus recios huesos, olvidando, por primera vez en mi vida, pero acaso para siempre, que soy una dama.



    Los 7 Magníficos

    3 06 2009
    Los 7 Magníficos

    Los 7 Magníficos

    Así ha bautizado Loly León a esta foto. Corresponde a la visita a la destilería de Arehucas (”un ron cojonudo”, según Eladio Monroy), durante el encuentro de novela negra que nos convocó a unos cuantos en el Festival de Primavera Flor de Mundo, en la ciudad de Arucas. De izquierda a derecha, Dulce González, Raúl Argemí, José Luis Correa, Rafael Méndez, José Luis Ibáñez, Elsa Plaza, lo que quedaba de mí, Domingo Villar y Francisco Sarmiento. Por desgracia, los 7 magníficos eran seis, porque aún no se había incorporado Antonio Lozano y, claro, sin nuestro Charles Bronson y con un Yul Brinner barrigón y desentrenado, los 7 magníficos pierden mucho.



    Poetas Canarios en Buenos Aires

    3 06 2009
    Portada de Poetas canarios en Buenos Aires

    Portada de Poetas canarios en Buenos Aires

    Este es el último ataque perpetrado por el guerrillero de la palabra Juan Carlos De Sancho.

    Añado la noticia en el diario Clarín. Para leerla haz click en el siguiente link:
    http://www.revistaenie.com/notas/2009/05/21/_-01923287.htm 

    Desde aquí envío mi enhorabuena, tanto a Juan Carlos como a los poetas (algunos de mis preferidos) que se incluyen.



    Información privilegiada

    29 05 2009

     

    documentos

    Por vicio o por oficio, le gustaba rebuscar en los archivos y las oficinas hasta encontrar expedientes clasificados, informes privados, circulares internas, secretísimos sumarios. La sustracción de cualquier texto susceptible de filtración le nimbaba de un placer semejante al éxtasis. Sin embargo, nunca sabremos cuál fue su reacción al descubrir que aquel documento recién escamoteado era el informe de su propia autopsia. 



    Trabajar poco

    29 05 2009
    Firmando ejemplares de Los perros... antes de que nos echen de la carpa, con la presencia ectoplásmica de Miguel Déniz y Toñi Ramos (Foto: Rayco Arbelo)

    Firmando ejemplares de Los perros... antes de que nos echen de la carpa, con la presencia ectoplásmica de Miguel Déniz y Toñi Ramos (Foto: Rayco Arbelo)

    Taller de Cuentos en Casa África (Junto a joven promesa de la narración oral)
    Taller de Cuentos en Casa África (Junto a joven promesa de la narración oral)

     Es verdad: los escritores en general y los escribidores juntaletras en particular trabajamos menos que la Gallina Caponata, que en tres temporadas no fue capaz de poner ni un huevo. Pero hay épocas en que nos damos el disfrute de vernos con aquellos a quienes atormentamos con nuestros libros, para impartir talleres, presentarles nuestras nuevas máquinas de desorientar cerebros o, simplemente, charlar con ellos y estropearles las páginas de cortesía de sus libros recientemente adquiridos con nuestra pésima caligrafía.

    Como tengo unos cuantos enemigos que me acusan de no dar palo al agua y de ser un cuentista (quizá tienen razón en ambas cosas), adjunto pruebas de algunas actividades recientes. La mayoría de las fotos, llevan firma. Las que no, son cortesía del célebre artista fotográfico Pierre Lardille, cuya imagen promocional inserto al final de esta entrada.

    En el CEIP Manolo Ortega de Arucas

    En el CEIP Manolo Ortega de Arucas

     

    Firma de ejemplares en el CEIP Manolo Ortega, de Arucas (qué gustazo de auditorio)

    Firma de ejemplares en el CEIP Manolo Ortega, de Arucas (qué gustazo de auditorio)

    Taller en Casa África con Zoubida Bougaba Meleem

    Taller en Casa África con Zoubida Bougaba Maleem

    Taller de cuentos en Casa África (Junto a joven devorador de manzanas)

    Taller de cuentos en Casa África (Junto a joven devorador de manzanas)

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    Taller de cuentos en Casa África (asustando al personal)

    Encuentro en el IES Domingo Rivero de Arucas con camiseta Negra y Criminal

    Encuentro en el IES Domingo Rivero de Arucas con camiseta Negra y Criminal (Foto: Pablo Melcón)

    Idem

    Idem

    Idem. (No se ve, porque están de espaldas, pero los pobres alumnos bostezaban. jejejejeje)

    Idem. (No se ve, porque están de espaldas, pero los pobres alumnos bostezaban. jejejejeje)

    Firmando ejemplares en el IES Domingo Rivero, de Arucas (Foto: Pablo)

    Firmando ejemplares en el IES Domingo Rivero, de Arucas (Foto: Pablo Melcón)

    Con Cronopios Ilustres, junto al Árbol de las Palabras creado por Bonaí

    Con Cronopios Ilustres, junto al Árbol de las Palabras creado por Bonaí

    Encuentro en el IES Teror (Foto: Toñi Ramos)

    Encuentro en el IES Teror (Foto: Toñi Ramos)

    Con Alejandro y sus guerrilleros en el IES Teror

    Con Alejandro y sus guerrilleros en el IES Teror (Foto: Toñi Ramos)

    Firmando ejemplares después de machacar el cerebro al respetable durante dos horas en el IES Teror (Foto: Toñi Ramos)

    Firmando ejemplares después de machacar el cerebro al respetable durante dos horas en el IES Teror (Foto: Toñi Ramos)

    Presentación de Los perros de agosto en la Feria del Libro de Las Palmas, con Paco Sarmiento, Aitor Guezuraga y Zoraida Rodríguez (Foto: Rayco Arbelo)

    Presentación de Los perros de agosto en la Feria del Libro de Las Palmas, con Paco Sarmiento, Aitor Guezuraga y Zoraida Rodríguez (Foto: Rayco Arbelo)

    Firmando ejemplares de Los perros de agosto, una vez expulsados de la carpa (Foto: Rayco Arbelo)

    Firmando ejemplares de Los perros de agosto, una vez expulsados de la carpa (Foto: Rayco Arbelo)

    Quienes sufrían el calor esperando a que les estropeara el libro con la firma. Píllenles la matrícula: hay peligrosos terroristas armados de palabras entre ellos. Planean un ataque masivo de buenos textos. (Foto: Rayco Arbelo, otro individuo peligroso)

    Quienes sufrían el calor esperando a que les estropeara el libro con la firma. Píllenles la matrícula: hay peligrosos terroristas armados de palabras entre ellos. Planean un ataque masivo de buenos textos. La DGP ya está sobre aviso. (Foto: Rayco Arbelo, otro individuo peligroso)

     

    Pierre Lardille, en pleno proceso creativo.

    Pierre Lardille, en pleno proceso creativo.



    Los perros de agosto en Santa Cruz de Tenerife

    27 05 2009
    Portada de Los perros de agosto
    Portada de Los perros de agosto

    Si vives en Tenerife y te perdiste la presentación de Los perros de agosto (hubo amigos y amigas que se dieron un salto, aprovechando el puente), tienes otra oportunidad de conocer a Jorge “el Gordo” Castro. Será el próximo martes, día 2 de junio, a las 17:30, en la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife.  Para los despistados: Jorge Castro es el prota de la novela (editada por Anaya Infantil y Juvenil), un estudiante de periodismo en prácticas desgreñado, asocial y adicto al café con leche, con una habilidad sin igual para meterse en asuntos que le vienen grandes. En esta novela, se pone a husmear en el pasado de un supuesto indigente y, cuando viene a darse cuenta, está hasta la cintura en un charco de intrigas, chantajes y corruptelas.

    El Gordo tampoco puede venir a esta presentación (está cubriendo la campaña electoral del candidato del PGB, Partido de la Gente del Bar, a las europeas), así que, igual que ocurrió en Las Palmas hace exactamente un mes, haré las veces de autor en la presentación, con la ayuda de dos escritores a los que valdrá más la pena escuchar que a mí: Juan Rafael Lorenzo Pérez y Javier Rivero Grandoso.

    Espero contar con tu presencia, para poder decirle al Gordo que el público se ha interesado por él. Eso le proporcionará algunas dosis de autoestima, cosa de la que, como todos los individuos de su calaña, anda más bien escaso.

    Recuerda: martes, 2 de junio, Feria del Libro de Santa Cruz, 17:30 horas.

    El Gordo me ha encargado que pase lista. Dice que piensa rebuscar en la biografía de quien se atreva a faltar a la cita sin justificante médico o laboral, hasta encontrar “secretillos” que airear (de esos que todos tenemos y tememos), para publicarlos en su blog o en alguno de los periodicuchos digitales en los que suele trabajar. Avisados estamos.



    ¿Un nuevo peligro?

    22 05 2009

    A don José Rodríguez Ramírez, decano de los humoristas canarios.

     

    Un conocido periodista, que firma como Acorán Romén de San José, me pide que reproduzca aquí un artículo que publicó recientemente en su diario, La Noche, con el fin de garantizar al mismo la máxima difusión, ya que, según opina, ésta es radicalmente necesaria. Accedo a su petición, advirtiendo a los lectores que no me hago responsable de sus palabras.

     

    Una nueva amenaza contra nuestra soberanía

    Nuevamente, Canarias (muy especialmente las islas de Nivaria y Tamarán, así como algunas zonas de Maxorata) sufre el ataque descaradamente caciquil de los oligopolios monopolistas internacionales, con la connivencia del Gobierno Colonial Español y los poderes fácticos locales.

    Cuando parece que nos hemos librado de la alargada sombra de ese demonio transnacional de la construcción, cuya presencia e implantación en el territorio patrio ya denunciamos desde estas mismas páginas como competencia desleal e injusta para nuestros humildes constructores (me refiero, como el lector informado supondrá al gigante de la construcción Urbanización Piso Piloto, que hace unos años sembró de carteles nuestras más queridas zonas turísticas y de recreo), y justo ahora, en un momento de crisis tan devastadora para nuestros pobres compatriotas que se ven obligados a vender, incluso, sus teléfonos (basta con salir a la calle para constatar como por doquier se cuelgan anuncios con la leyenda “Se vende teléfono” seguida del número de referencia, pegada a ventanillas de automóviles, ventanas de viviendas y escaparates de comercios), otro demonio capitalista ha aprovechado la actual coyuntura para desplegar sobre nuestro territorio una mortífera red que amenaza con invadirlo completamente, aplastando a nuestro sufrido sector de la venta de productos farmacéuticos. Hablo, por si no lo han adivinado, de la siniestra Apotheke.

    Sí, querido lector, aun a sabiendas de que nuestro valor nos traerá represalias, no dudamos en alzar nuestro dedo acusador, con el vigor que la ira de los justos le confiere para decir: Farmacias Apotheke está intentando aplastar a nuestro ya menoscabado sector de los medicamentos.

    Y nadie, hasta ahora, se ha atrevido a denunciarlo. Nosotros, en un paseo reciente pudimos constatar cómo poco a poco, han ido proliferando los negocios de este ramo adquiridos impunemente por tal firma, que suponemos alemana.

    A todo esto, nos preguntamos qué hace el Gobierno Colonial para luchar contra esta lacra o, más exactamente, qué oscuros intereses garantizan su colaboración con esta siniestra empresa, cuya razón social estamos intentando (hasta ahora infructuosamente) averiguar. Y, sobre todo, qué vas a hacer tú, hombre o mujer canario, por cuyas venas corre, pura, la sangre de Doramas y Hautacuperche, para frenar esta nueva injusticia, que forma parte del astuto plan del Gobierno Colonial para vender nuestro país al mejor postor, poco a poco y en nuestras propias narices.

    Por nuestra parte, investigaremos incansable y minuciosamente (aunque esto nos cueste las habituales críticas y represalias) hasta dar con la verdad y descubrir qué aviesas intenciones se esconden tras esa sospechosa marca que responde al nombre de Farmacias Apotheke.

    Continuaremos vigilando, siempre alerta contra el invasor extranjero. Garantizaremos que nuestros empresarios puedan ejercer su labor sin la intromisión de las grandes corporaciones que trabajan codo con codo con el invasor, porque nada debe interponerse en el camino del noble pueblo canario hacia su libertad y su propósito de expansión que, como ya hemos anunciado en otras ocasiones, deberá comenzar con la necesaria invasión de los territorios de Marruecos, Mauritania y Guinea Ecuatorial. Y eso, también lo hemos dicho, sólo será el principio.

    Acorán Romén de San José



    Viajes

    19 05 2009

    maquina-del-tiempo

    Jódase, Mr. Wells; ahora ya lo sabemos: todos viajamos en el tiempo. Lo hacemos lenta, pero inevitablemente. Día a día. Minuto a minuto. La marcha es firme. La dirección, constante. Adelante, siempre adelante. Aún no hemos aprendido a cambiar de sentido, pero disfrutamos del paisaje que nos descubre el camino.



    Negativa

    18 05 2009

    He pensado tanto y me han hecho pensar tanto; he enamorado tanto y me han enamorado tantas veces con sus palabras que he decidido negarme a pensar que ese caudal de versos y humanidad se ha agotado. Me niego rotundamente. No voy a hacer el panegírico de Mario Benedetti. Eso implicaría aceptar que ha muerto y mi sentido común me inclina a no creerlo, hoy que está más vivo que nunca, cuando hasta quienes le ignoraban minuciosamente se ven obligados a constatar el innegable hecho de su grandeza desde las páginas de sus grises tabloides.

    Inserto, eso sí, un hermoso y breve poema que apareció hace treinta años en Cotidianas. Confieso que he elegido al azar. Había tanto y tan bello donde escoger, que opté por que fuera la suerte la que decidiera con qué versos recordarle.

    benedetti_02

    Botella al mar

    El mar un azar

    VICENTE HUIDOBRO

    Pongo estos seis versos en mi botella al mar

    con el secreto designio de que algún día

    llegue a una playa casi desierta

    y un niño la encuentre y la destape

    y en lugar de versos extraiga piedritas

    y socorros y alertas y caracoles.

    Mario Benedetti



    Ejercicios de estilo

    16 05 2009
    Raymond Queneau

    Raymond Queneau

    En 1947, Raymond Queneau, surrealista, patafísico y miembro del Oulipo (grupo de investigaciones de literatura potencial), a quien el mundo debe, entre otras cosas importantes, la desternillante Zazie en el metro, publicó el inagotable Ejercicios de estilo, donde cuenta una misma anécdota, por lo demás, bastante pedestre, con 99 estilos diferentes.

    La inspiración le había llegado a Queneau, según atestigua en el Prefacio a la edición de 1963, tras escuchar una interpretación del Arte de la Fuga, pensando en la obra de Bach “como construcción de una obra por medio de variaciones que proliferaran hasta el infinito en trono a un tema bastante nimio”.

    En esa misma edición, Quenau añadía una lista de ejercicios de estilo posibles que él no había ejecutado y que lanzaba como propuesta al lector.

    Caligrama de Carelman para la edición ilustrada de "Ejercicios de estilo"

    Caligrama de Carelman para la edición ilustrada de "Ejercicios de estilo"

    Hace unas semanas, en una de las sesiones de Factoría de Ficciones, tocamos el tema de este libro y leímos algunos de los ejercicios de Queneau. Luego surgió la propuesta, por parte de Andrés Sánchez Sanz, uno de los talleristas, de sortear algunos epígrafes de esa lista de ejercicios de estilo posibles entre los participantes de nuestro taller, para que cada uno elaborara un texto a partir de la premisa que le hubiera tocado en suerte. Los resultados fueron variados y divertidos. Hubo quien incluso elaboró caligramas y collages. Como homenaje a Raymond Queneau (a quien, creo, no se conoce suficiente en nuestro ámbito y nuestra época), inserto a continuación mi propio texto, escrito a partir de la premisa “Reglas de un juego”.

    Para jugar al Juego de la Línea S

     

    El juego se desarrollará en el autobús de la Línea S, preferentemente atestado y en horas de mediodía.

    El objetivo del juego será encontrar y ocupar el último asiento libre.

    Los jugadores subirán al vehículo ataviados de las más variadas formas.

    Una vez alcanzado el objetivo se premiará al ganador con la posesión del mencionado asiento (por supuesto, sólo hasta el fin del trayecto. Los participantes se abstendrán, especialmente, de intentar desatornillarlo de sus anclajes con el fin de llevárselo a casa).

    Obtendrá diez puntos adicionales aquel jugador de menos de treinta años que lleve sombrero de fieltro con cordón en lugar de cinta y abrigo llamativo. Sin embargo, si este jugador es cuellilargo y respondón, esos diez puntos se reducirán a ocho.

    En el caso de que exista sospecha de que el jugador ha obtenido la victoria realizando maquiavélicas maniobras de distracción (por ejemplo, la de provocar una discusión con otro jugador, de mediana edad, a quien haya acusado de empujarlo) se le amonestará posteriormente con severidad la Plaza de Roma, frente a la estación de Saint Lazare, afeándole, además, cualquier fallo en su indumentaria, tal como la ausencia de un botón en su estrafalario atuendo.

     



    Cronopios sueltos por la calle Torres

    10 05 2009
    Foto: Nayra Pérez

    Foto: Nayra Pérez

    Calle Torres, en Las Palmas de Gran Canaria, hace unas semanas, en el trancurso del concurso de escaparates literarios, convocado por el Cabildo. De pronto, acercarnos al escaparate de Soda Sola, porque nos habían dicho que estaba dedicado a Cortázar. Y allí, efectivamente, diversas ediciones de Rayuela, de Bestiario o de Los autonautas de la cosmopista, pero también, y sobre todo, esta rayuela colorida prolongando el escaparate hacia la calle, o la calle hacia el escaparate. No sabemos con exactitud si se debe al buen gusto de quienes regentan el negocio o si los cronopios, esas criaturas verdes y húmedas, han vuelto a hacer de las suyas. En cualquier caso, se rumorea que el alumnado del cercano colegio de Las Dominicas han agradecido mucho esta excepción lúdica. Hoy me llega esta foto, por cortesía de Nayra Pérez y aprovecho para mostrarla para solaz de cortazarianos y rayuelistas empedernidos. Uno no puede evitar pensar que a Cortázar le hubiera gustado el sencillo homenaje y que, sin duda, habría sacado unas cuantas fotografías.



    Melomanías

    9 05 2009

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    Al imbécil del apartamento vecino se le había ocurrido poner el aparato de música a todo volumen, como si a alguien, salvo a él, pudieran interesarle lo más mínimo los requiebros del canchanchán de turno en esta temporada, enviándole poemas manuscritos y canciones de grupos de bachata a la chica que había tenido el buen gusto de mandarlo a freír un huevo.

    Desperté al horror de la resaca. Mientras intentaba recuperarme y encontrar lo que quedaba de mi hígado a los pies de la cama, la náusea (no tenía otro nombre) y la canción (por denominarla de alguna manera) se aliaron en la tarea de desorientarme lo suficiente como para que me fuera imposible localizar mi maltrecho órgano hepático. No obstante, logré dar con las pantuflas y, tras varios intentos, embutí en ellas aquellos pies que horas antes habían pisado los más infectos garitos de la ciudad.

    Acababa de refrescarme la cara en el baño (tras vomitar diversas sustancias, algunas de las cuales no recordaba haber consumido) cuando el imbécil se puso tontorrón y cambió de disco. En el instante en que Luis Miguel comenzó a desgañitarse, destrozando uno de mis boleros favoritos, recordé aquello que solía decir mi ex mujer: “¿Por qué será que todos los horteras son sordos?”.

    Desde hacía dos años, soportaba con relativa resignación los arrebatos musicales (por asignarles algún adjetivo) del imbécil, un adolescente de ropas deportivas y ademanes chulescos que parecía tener la sensibilidad de un mandril y la inteligencia de una mesa camilla, y con quien no había cruzado más de dos o tres palabras (las suyas eran más bien gruñidos),

    Preparé café soportando uno de esos reggeatones que incitan a ver en todo hombre un enemigo y en toda mujer una potencial esclava sexual; lo tomé padeciendo una balada en la que una solista femenina (indistinguible de otras quinientas solistas femeninas) acababa con los restos de una melodía en la que ya quedaba poco que salvar en el mismo instante en que fue concebida. No era sólo que la chica no pusiera una nota en su sitio, sino que encima pretendía ser profunda.

    A estas alturas del partido, dudaba entre echar abajo la puerta de mi vecino y hacerle tragar uno por uno sus discos o clavarle un tenedor en cada oído, teniendo en cuenta que, al fin y al cabo, no parecían resultarle de demasiada utilidad. Opté, sin embargo, por una respuesta tácita. Volví las columnas del mini componente hacia la pared odiosa y cargué en aquél un CD de Eugen Jochum dirigiendo a la Ópera Alemana de Berlín en una versión del Carmina Burana de Orff, confiando en que al escuchar O Fortuna, el imbécil comprendiera que, si él podía oírme, yo a él también.

    Sin embargo, cuando iba a pulsar el botón de reproducción, en el apartamento de al lado se hizo un silencio y recé para que la pesadilla terminara de pronto. Y lo hizo. Pero no porque se instaurara la calma. Lo que ocurrió fue que de pronto comenzó a oírse un bajo continuo bastante familiar para mí y, de pronto, unos violines atacaron mi aire favorito: el segundo movimiento de la Suite Orquestal nº 3, de Johann Sebastian Bach.

    La sorpresa me inmovilizó unos segundos ante el aparato de música. Después, con la carátula del disco de Jochum aún en la mano, volví al sofá y encendí, con fruición, un cigarrillo. El humo azulado ascendía hacia la pared, como si intentara disimuladamente que la melodía de Bach se dejase acariciar y, justo entonces, sentí que el imbécil era mi hermano, que algo, una seda de araña, un mutuo haz de luz, nos enlazaba con un vínculo inescrutable, pero indisoluble.

    Finalizó el aire de Bach y el imbécil pinchó un tema de Hip Hop, pero no me importó. A un hermano se le perdona todo.  



    Oportunidad única

    7 05 2009

    Es una de las cabezas mejor amuebladas que tenemos en las Islas. Nacido en Tánger, lleva afincado muchos años en Agüimes, municipio donde fue concejal de Cultura y que le debe dos festivales con proyección internacional: el Festival del Sur-Encuentro Teatral Tres Continentes y el Festival Internacional de Narración Oral. Ha traducido a autores como Yasmina Khadra o  Mussa Konaté y ejerce un incesante activismo socio-cultural.

    Sus libros han cosechado premios muy prestigiosos (el Novelpol, el Ciudad de Carmona, el Benito Pérez Armas) y no paran de recibir el elogio de críticos y lectores. Si quieres comprobar porqué, no tienes más que buscar Harraga, Donde mueren los ríos, El caso Sankara o Las cenizas de Bagdad. Encontrarás una obra interesante, escrita con limpieza y eficacia y elaborada desde una profunda convicción ética, que te acerca a realidades que están ahí al lado o aquí mismo, pero que nuestro etnocentrismo nos hace sentir lejanas y distintas.

    Escucharle hablar es una experiencia gratificante, porque desde la claridad y la sencillez, siempre te descubre la senda hacia nuevos conocimientos que nadie antes te había desvelado.

    Si aún no sabes de quién hablo, te sacaré del despiste: se trata de Antonio Lozano. Hoy tienes una oportunidad única de escucharlo y de trasladarle tus preguntas. Yo, en tu lugar, no me lo perdería.

    Es en la Biblioteca Insular (Plaza de Las Ranas), a las 20:00, dentro del ciclo Los libros de…, una de las actividades de Leer es Vital.

    Yo, por mi parte, aprovecho la excusa para cumplir una tarea que tenía pendiente: dar las gracias a Antonio por hacernos crecer a todos libro a libro, charla a charla, iniciativa a iniciativa, y siempre sin quejarse por el esfuerzo, con una sonrisa cálida que nos hace pensar que su tarea no resulta agotadora. 

    Antonio Lozano

    Antonio Lozano



    Importante adhesión

    7 05 2009

    Niños y niñas, el uso de los condones en la lucha contra el SIDA ha encontrado un importante aliado. Agrego un vídeo de Patrick Boivin que recoge su última intervención. Ahora sí que es, más que nunca, salvador.

     

    condomsvideo

    La última vez que se vio obligado a usar la violencia, causó tales estragos que a los mercaderes del templo aún les duelen las posaderas, así que será mejor que tengan mucho cuidadito, pequeños retrógrados. Ha vuelto y da unas patadas divinas.



    Dulces sueños

    4 05 2009

    Desde que te fuiste, cada noche te deseo dulces sueños: que sueñes con culebras, arañas, murciélagos y lobos. Culebras de regaliz, arañas de chocolate, murciélagos de fresa, lobos de caramelo.



    Horrores

    4 05 2009

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    No temo a los espectros, pero tengo miedo de convertirme en uno. Por eso, te lo ruego: deja de pensar en mí mientras acaricias ese cuerpo que no es el mío.



    Acerca de Contrarreloj, de Eugenio Fuentes

    3 05 2009
    Contrarreloj, de Eugenio Fuentes. Barcelona, Tusquets, 329 páginas.

    Contrarreloj, de Eugenio Fuentes. Barcelona, Tusquets, 329 páginas.

    Soy un destripador profesional de libros. Como saben mis pobres amigos, cuando un libro me gusta, me pongo a recomendarlo a todo el mundo contando detalles de la trama, destripándolo y estropeándole la lectura al personal. Cosas del entusiasmo. Así que como Contrarreloj, este nuevo caso del detective Ricardo Cupido, me ha entusiasmado, intentaré no despanzurrarlo más allá de lo necesario.

    Contrarreloj empieza con la descripción de una bicicleta como “un instrumento de tortura”, en el que “el sillín era un potro”, “las ruedas, tornos que tensaban las piernas hasta desencajarlas” y “la ca