La palabra dada

Julio 5th, 2008 by Alexis Ravelo

Foto: Gradocaine

X obsequia a Y una palabra de afecto. Es una palabra exacta y bella, elegante y sobria mas no exenta de cierto lirismo. X la aprendió en la infancia, entre juegos de patio y lecciones de matemáticas y la guardó en un lugar privilegiado de su memoria, dándole a lo largo de su vida el uso justamente suficiente para que sobreviviese en buen estado, pero con morosidad, como si temiese gastarla, como si utilizarla demasiado pudiese agotarla, banalizarla o volverla superflua. Nunca supo bien por qué. No obstante, ahora, al regalársela a Y, X comprende que ha conservado esta palabra durante todos estos años únicamente para Y, para este preciso instante en que Y, entre el rubor y la sonrisa, recibe este regalo de belleza indefinible aunque innegable.

Por su parte, Y toma la palabra, la acaricia apenas con sus oídos, la paladea lentamente y la guarda con profunda fruición, casi con la minuciosa codicia de tiempos de estraperlo, elogiando a X su buen gusto y agradeciéndole de todo corazón el hermoso presente.

Cuando se despiden a la puerta del café donde ha tenido lugar el encuentro, X observa con entusiasmo cómo Y se aleja, su andar ensimismado, su gesto placentero. Espera hasta que Y desaparece en la boca del metro y se encamina, a su vez, hacia su casa, pensando con ilusión en que hoy por fin ha caído uno de los muchos velos que existen entre ambos, gracias a esa palabra que el azar o el destino le empujaron a conservar hace tanto tanto tanto tiempo.

En el metro, con una dulce sonrisa en los labios, Y musita la palabra recibida de X. La repite varias veces para fijarla en su mente de forma indeleble. Es una palabra flor, una palabra amanecer, una palabra ternura. Debe recordarla en cada una de sus sílabas, cada uno de los sutiles sonidos concurrentes en ella, porque faltan aún varios días para que Z llegue a la ciudad y teme olvidarla.

Consumo

Junio 29th, 2008 by Alexis Ravelo

 

Compró un televisor de plasma. Compró un dvd. Compró un aparato de música y un ordenador de última generación. Compró un ipod y una wii. Compró un nuevo auto. Compró unos zapatos, varios pares de pantalones, algunas camisas. Compró muebles de diseño, librerías de nogal, libros para llenarlas. Compró una cámara digital de fotos y otra de vídeo. Compró un viaje a Cancún y, en Cancún, compró una hora con una prostituta llamada Lía.

Al volver, abrió un fotolog dedicado a las fotos que había sacado durante el viaje. Dio paseos por la ciudad en su nuevo auto mostrando su bronceado, vestido con aquellas camisas, aquellos pantalones, escuchando canciones en su ipod y sentándose en las terrazas a jugar con su wii. También veía, de vez en cuando, su reportaje de Cancún en el plasma, reproducido en dvd, disfrutando del pulcro decorado de sus nuevos muebles, de sus nuevos libros.

Cuando comenzó a aburrirse y a tener ganas de ir de compras y a preguntarse qué le apetecía en esta ocasión, pensó que, de todas las cosas que había adquirido en los últimos tiempos, aquella hora de amor mercenario en Cancún era lo más memorable, pues lo que había comprado había sido tiempo. Tiempo y carne. Una carne y un tiempo únicos. El tiempo y la carne de Lía. Reflexionó un instante sobre el hecho de que todas las demás cosas podía disfrutarlas una y otra vez; los placeres que provocaban eran nuevamente reproducibles. Lía, en cambio, estaba lejos, en Cancún. Y, aunque comprase otro viaje, aunque volviese a encontrarla, aunque volviese a comprar otra hora (o cien horas) de placer con ella, aquello que había comprado y que fue suyo sólo durante sesenta minutos sería, para siempre, irrepetible.

Buscó su tarjeta de crédito. La observó atentamente. No se reconoció a sí mismo en el nombre del titular.

Las conciencias tranquilas

Junio 19th, 2008 by Alexis Ravelo

Aparca su coche en el garaje, entre el de su mujer y el de la niña. Sube al segundo piso tras saludar (andan en el recibidor con el novio, planeando detalles de la boda), se muda de ropa y entra en su despachito. Pese a que ha sido un día duro, se siente tranquilo. El reajuste era casi obligatorio. Cada palo que aguante su vela. Él también tiene una familia que mantener. Por un momento, vuelve a pensar en la mirada de Luján. Esa mirada de cemento y sudor, reprobadora y airada. Luján la esgrimió mientras cerraba los puños, pero no se atrevió a hacer nada. Siempre hay un Luján en cada cuadrilla y ninguno de ellos se atreve nunca a hacer nada serio. Saben que no les volvería a contratar nadie en toda la provincia.

Olvida la mirada. Inicia el ordenador. Abre la página de chats donde habitualmente contacta con su sierva. Ella lleva ya un rato ahí, con las pinzas de la ropa atenazando sus pezones. Oye pasos y vuelve la pantalla. Su mujer, desde la puerta, le dice que quiere saber su opinión: los chicos no se ponen de acuerdo en si contratarán una fuente de chocolate negro o de chocolate blanco. “Las dos”, contesta secamente, y vuelve a poner su atención en el ordenador. Ella se marcha por donde vino sin decir ni una sola palabra más. Se conocen bien.

Mientras ordena a su sierva que se levante, siente una extraña sensación de frío, como si alguien se hubiera dejado abierta la ventana que hay a su espalda, la misma que siempre permanece cerrada. Cuando comienza a atar cabos ya es tarde para volverse.  La sierva continúa en pie, esperando su siguiente orden.

Onírica

Junio 16th, 2008 by Alexis Ravelo

 

Cuando se cansó de buscarla sin éxito, decidió soñarla. La soñó joven, pero no demasiado. De mediana estatura y cuerpo menudo y elástico. La soñó con pelo negro cortado a la garçon, con cuello de cisne, ojos pardos y labios sensuales bajo una nariz angulosa y perfecta. Le soñó un trabajo hermoso e interesante, que requiriese de una previa generosidad personal: profesora de educación especial, trabajadora social, enfermera especializada en salud mental. Le soñó gustos parecidos a los suyos, lecturas similares, pasiones cinematográficas o musicales paralelas. Le soñó los olores, un aroma entre almendra y azahar en la piel, y a miel y hierbabuena en la boca. Y la soñó en el amor. La soñó tan lujuriosa como fiel, tan lúbrica como lúdica, tan ardiente y desinhibida en el lecho como tierna y divertida después, a la hora de las confesiones y los chistes íntimos.

La soñó, en fin, perfecta, única. La soñó por completo. Tan completamente que ni siquiera se quedó sin soñarle el nombre, el pasado, la familia, los orgasmos.

Y supo tan increíblemente bello aquel sueño, que decidió conformarse y no volver a intentar el acercamiento a ninguna de aquellas mujeres imperfectas que llevaba tantos años frecuentando. Tras hacerlo cada noche durante meses, acabó soñando también con ella en la vigilia, en las pausas para el café, en los almuerzos a solas, en los viajes en transporte público, en las solitarias travesías urbanas, cerrados los ojos a cualquier mujer real, porque ninguna era (porque ninguna sería nunca) la mujer soñada. Por eso, cuando se cruzó con ella, fue incapaz de reconocerla y prosiguió soñándola.

Juego de manos

Junio 10th, 2008 by Alexis Ravelo

Para Dácil, que me llevó hasta este cuento.

Cuando no hablaba, nadie notaba su presencia. De pelo negro y profundos ojos azules, vestía, trabajaba y vivía con discreción. En la Oficina de Objetos Perdidos, aquel empleado nunca había llamado la atención de nadie, porque jamás se había destacado por nada, salvo por su eficacia, su diligencia y su imperturbable tristeza. Si alguien le hubiese observado, hubiera reparado en un hecho singular: la forma en que sus manos manipulaban todos y cada uno de los objetos cuya custodia le era destinada por los funcionarios que atendían al público. Maletas, cámaras fotográficas, paraguas, libros, carteras, pañuelos de seda con iniciales bordadas eran indistinta e indefectiblemente objeto de las caricias de las yemas de sus dedos. Luego los tocaba aún un poco más, con hábil disimulo, acariciándolos con una sola mano mientras la otra cumplimentaba la ficha correspondiente antes de que uno de sus subalternos los retirara de su mesa con destino al almacén general. Era como si el empleado buscase en aquellos contactos el consuelo de un amor inencauzable. Tampoco nadie sabía que, al cierre de la oficina, el empleado demoraba su salida y se ocultaba en el almacén donde tantas cosas perdidas añoraban a sus dueños. Y, mucho menos, que dejaba pasar las horas largas y lentas hasta el anochecer, vagando por el depósito, tomando de las estanterías esta o aquella cosa y utilizándola: leyendo alguno de los libros, prendiendo un cigarrillo con alguno de los encendedores, calzándose durante la lectura con unas pantuflas o unos zapatos. Y, sobre todo, acariciando. Acariciando todos y cada uno de los objetos que, ahora, a su alcance de sus manos, ya no estaban tan perdidos.

Y un día, una mujer celosa del orden, apareció en la oficina con anillo. Decía haberlo encontrado en los suburbios, justo al pie de la tapia del cementerio. No era de oro ni tenía piedras preciosas. Era una simple alianza de plata, sin decoraciones ni labrados. Estaba a unos metros de su mesa. Pero el empleado reconoció al instante aquel anillo de mujer que él había comprado hacía tantos años y había puesto en el dedo de una mano que adoraba. Cuando lo pusieron ante él, ni siquiera lo rozó. Se limitó a asentar la entrada y entregarlo al subalterno.

Ese día ni siquiera se molestó en disimular, más allá de lo estrictamente necesario para conseguir que nadie le evitara quedarse. No le importaban las amonestaciones, las reprimendas, los expedientes, las amenazas de despido. Sabía que ya nunca saldría de aquel lugar.

Así pues, penetró en la semipenumbra del almacén y, cuando llegó frente al anillo, lo tomó entre sus dedos y lo acarició con toda el ansia que llevaba galaxias de tiempo atesorando; con toda la inconmensurable ternura que había guardado para aquella mano que no podría volver a acariciar nunca. En ese instante, se hizo para él la oscuridad. Unas manos se habían puesto ante sus ojos y, en aquella penumbra, notó cómo sus labios dibujaban, por primera vez desde que ella partiera, una sonrisa. Con alivio, con placer, con asombro, la escuchó decir una y solo una frase, antes de dejarse arrastrar para siempre al abrazo más profundo.

 

Eternidad

Mayo 31st, 2008 by Alexis Ravelo
A Juan Alberto Hernández, defensor de este cuento frente a las huestes de la correción política.

Antes de que se fuera, le dijo que lo amaba, como tantas otras veces había hecho a lo largo de todo aquel tiempo que llevaban juntos. Fueron las últimas palabras que se cruzaron. Él fue atropellado nada más salir a la calle. Sobrevivió hasta el hospital y ella recibió la noticia de que ya no había nada que hacer de labios de un joven médico que hacía turno en urgencias. Tras acompañarla a ver lo que quedaba de él, el médico le preguntó amablemente si podía hacer algo por ella. Lo miró a los ojos y, sintiendo que la eternidad de su amor se diluía en el aire, le dijo que quizá le viniera bien su compañía y que, si tenía un rato libre, podrían ir a tomar un helado. El médico dijo que no saldría hasta dos horas más tarde.

-No importa –contestó, jugando con su flequillo-. Tengo todo el tiempo del mundo.

Tratado de los lugares vacíos

Mayo 14th, 2008 by Alexis Ravelo

El absoluto silencio en un lugar que fue pensado para estar siempre abarrotado de gente. Esa paradójica ausencia es la expresión máxima de la tristeza. Por eso procuro frecuentar los sitios naturalmente inhóspitos, donde mi condición de isla es más lógica, menos evidente.

Mayo 9th, 2008 by Alexis Ravelo

 

Desde el lunes 12 hasta el viernes 16 de mayo, en el Centro Cultural de Los Cristianos.

Más información en

http://www.arona.org/portal/fact_d4_v1.jsp?contenido=18916&tipo=2&nivel=1400

Coming soon: La princesa cautiva

Abril 29th, 2008 by Alexis Ravelo

Este sábado (3 de mayo), a las doce de la mañana, en la carpa central de la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, Jorge Liria, Alberto Hernández y yo mismo presentamos La princesa cautiva, la primera entrega de Cuentos del Gallo Tuerto.

No será una de esas presentaciones al uso en las que te aburrimos con reflexiones sobre el libro y te dan ganas de hacernos tragar un cenicero para que nos callemos. Está más bien pensada para los destinatarios del libro: los niños.

Cuentos del Gallo Tuerto es una colección de cuentos pertenecientes a diferentes tradiciones culturales adaptados a los parámetros contemporáneos.

Cada libro dispone de una parte didáctica con propuesta de reescritura por parte del niño, cambiando el género de los personajes, la época o el país en que transcurren; una sección de información sobre el país y la tradición a la que pertenece el cuento y una propuesta de búsqueda de entradas en la web.

Entre los objetivos que persigue, están el acercamiento al repertorio de tradición oral, la práctica de la lectura comprensiva, la reflexión sobre los roles de género y el fomento del diálogo intercultural.

                                                  

Los cuentos los firmo yo, pero en realidad me los ha contado Panchatantra Kid (Pancha para los amigos), que fue expulsado del Real Conservatorio de Gallos, ya que tenía poquita voz, pero desagradable, e inició una carrera como gallo de pelea que se vio truncada por una lesión ocular. Después de esto, se dedicó a viajar por el mundo escuchando cuentos hasta que se encontró con el Coronel O’Flaherty.

Ahora, retirados, viven felizmente en casa del coronel y Pancha tiene todo el tiempo del mundo para releer en su gran biblioteca, nuevas versiones de esas historias que él ya conoce, historias que siempre son las mismas, pero son siempre distintas.

Cada uno cuenta la feria…

Abril 29th, 2008 by Alexis Ravelo

De acuerdo. Hay menos casetas. Y no han colaborado todas las instituciones que deberían haberlo hecho. Además, hay pequeños absurdos, como el hecho de que no se permita a los puestos de los libreros tener a autores en ellos para firmar (cosa habitual y casi imprescindible en las ferias del libro).

Pero hay muchas ventajas: diez por ciento de descuento, actividades lúdicas y musicales, presencia de las últimas novedades (canarias y no canarias), librerías de ocasión y de libros antiguos (donde uno se encuentra pequeñas joyas), presentaciones de libros (para que le cojas el pulso a la literatura que nos viene), degustaciones de especialidades culinarias (en estos días pensaba ponerme a dieta, pero voy a dejar la idea en barbecho) y un ambiente agradable y limpio en el que tanto tú como tus peques pueden pasar un rato muy divertido.

Por otro lado, si, como yo, eres de aquellos que gustan de dejar en evidencia al poder, cuantos más acudamos, más fácilmente quedará demostrado que la institución o las instituciones que decidieron no participar en la Feria cometieron un error garrafal al no implicarse. Y nada molesta tanto a un político.  

Además, el quiosco modernista anda cerca con su terracita para la cerveza fresquita de después de…

Así que ya sabes: Feria del Libro. En el parque San Telmo. Cada día de diez a dos y de cinco a nueve. Hasta el domingo.

PS: Por cierto, esta tarde, a las ocho, leerá allí un mago que encanta serpientes con sus palabras: Félix Martín Hormiga. Tú verás si te lo pierdes. Luego no vengas a quejarte. 

23 de abril

Abril 24th, 2008 by Alexis Ravelo

Felicidades si te llamas Jorge o Georgina, si eres Miguel de Cervantes (vete a saber si su espíritu se ha vuelto adicto a los blogs),  y si escribes, lees, vendes, coleccionas, prestas y/o custodias esos objetos peligrosos llamados libros

En los dos primeros casos (nombre o aniversario), la felicitación es contingente y puntual.

En cualquiera de los otros, considera extendida y reiterada mi felicitación por el resto del año y los demás años venideros de tu, espero, larga y fructifera vida.

He dicho.

Otro viejo cuento con palabras nuevas

Abril 21st, 2008 by Alexis Ravelo
(Inspirado por Sueño del aposento rojo, de Tsao Hsue-King, recogido por Jorge Luis Borges en Libro de los sueños)

Soñé que estaba ante una casa exactamente igual a la mía.

Cuando me acercaba al umbral para inspeccionarla más detenidamente (no podía ser que los rosales y los geranios del jardincito fuesen iguales hoja a hoja, pétalo a pétalo), una mujer idéntica a mi esposa me adelantó y abrió la puerta. De pronto se volvió:

-¿No piensas entrar? –me dijo.

Una vez frente a ella, la mujer cambió, sin embargo, de actitud:

-Oh, perdóneme. Creí que era mi esposo.

-Pero, si soy yo… –le respondí.

Ella, con algo de alarma, me dijo que no. Que yo me parecía bastante, pero que no era él. Ella lo hubiese distinguido entre miles de hombres idénticos a él, por el brillo de sus ojos, el destello de la sonrisa. Dicho esto, se despidió y entró en la casa.

Un momento después, me decidí a penetrar en la vivienda  y, comprobé que era, también por dentro, igual a la mía: la misma biblioteca con los mismos libros en el salón, el mismo pasillo atestado de fotos enmarcadas pendiendo de las paredes, el mismo dormitorio, en cuya cama yacía un hombre exactamente igual a mí. Observé a ese otro yo que dormía, algo inquieto, mascullando algunas palabras ininteligibles.

En ese instante, la mujer idéntica a la mía entró en la habitación con la bandeja del café y me dijo:

-¿Ves? Ese sí es mi marido.

Puso la bandeja sobre la mesa de noche, le dio un beso en la frente al durmiente y salió del cuarto.

El otro se despertó y vio la bandeja a su lado y después me miró.

Entonces me desperté, al notar el beso que mi mujer depositó en mi frente antes de salir del dormitorio.

Vi la bandeja del café a mi lado, alargué la vista y vi a un hombre, idéntico a mí, que me observaba.

Dardazos varios

Abril 19th, 2008 by Alexis Ravelo

“La I Entrega de Premios Dardo 2008 se abre paso entre un gran elenco de Premios de reconocido prestigio en el mundo de la literatura, y con el reconoce los valores que cada blogger muestra cada día en su empeño por transmitir valores culturales, éticos, literarios, personal, etc.., que en suma, demuestra su creatividad a través su pensamiento vivo que está y permanece, innato entre sus letras, entre sus palabras rotas”.

Aún no sé del todo como va, pero tengo entendido que puedo devolver el Dardazo gentilmente lanzado por Angie a quince blogs de entre mis favoritos, cuyos autores pueden, asimismo, nominar a otros quince cada uno copiando el texto de arriba en una entrada y añadiendo sus enlaces en la misma.  Así que, aunque siempre se me dio mejor el billar, apunto y disparo:

Macarena Nieves Cáceres

Aquileana

Valentina Romanó  

Club de lectura Letranas

Cruce de cables

Sinaja

Un blog de buenas intenciones

Ínsula negra

Juré que no lo haría

Literatura canaria vista por Antonio Becerra

Aldea Global

Montecruz

Desde el calvario

Baúl de aire

Trasmallo

Ahí queda eso.

Aldonza

Abril 16th, 2008 by Alexis Ravelo
Don Quijote murió sin saber que Aldonza Lorenzo soñaba desde niña con tener un caballero andante que le diera título de señora de sus pensamientos, al cual caballero, en sus sueños, tuvo a bien poner la cara de aquel distinguido caballero cercano, de nombre Alonso y apellido Quijada, o Quesada o Quejana, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben.

(Inspirado por un texto de Marco Denevi)

Correspondencia

Abril 16th, 2008 by Alexis Ravelo

En estos tiempos de impaciencia comunicativa, de incontinencia cibernética, él continúa recibiendo, cada 7 de abril, una carta de Laura. La primera la acogió con estupor y rabia, pensando en una broma pesada de algún desalmado. Pero luego abrió el sobre y leyó, en el papel azul que a ella tanto le gustaba, sus palabras de amor y nostalgia escritas en aquella letra menuda de colegiala, con los puntos de las ies formando un corazón diminuto. Poco a poco, fue acostumbrándose al insólito hecho de la anual carta de Laura, sin matasellos, en su buzón. Siempre en el mismo papel. Siempre con la misma tinta burdeos. Con el mismo trazo fino de estilográfica. Con los te amo y los tuya para siempre precediendo a la firma.

Así han pasado quince años y hoy, en lo más grave de su enfermedad, ha llegado la última. Esa carta postrera que como tal se declara y en la que anuncia que se verán pronto, que se le hará interminable la espera, pero que, al anochecer del día 9 estarán, al fin, juntos.

Ahora sabe que le quedan únicamente dos días para reunirse con ella, para fundirse con ella, para el cese de la nostalgia.

Inquieto pero reconfortado, guarda esa última misiva junto a su corazón y piensa en lo consolador que ha sido recibir aquellas cartas del mientras tanto durante todos estos años, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Laura.

Abril

Abril 15th, 2008 by Alexis Ravelo

Abril, que es mes de claveles y amantes, también lo es de recordar dos momentos de libertad y de progreso. Uno, más cercano en el tiempo, fue el que coincidió con una revolución incruenta en Portugal, que mostró a España que había formas de acabar con la dictadura. El otro nos resulta delicado recordarlo, pues, poco después, supondría la memoria de una derrota a manos de quienes instaurarían aquella misma dictadura con la que se deseaba acabar, la cual daría paso a una democracia, en la que, para obtener ciertas libertades, habría que transigir con una orientación bastante contraria a lo promovido por la II República Española, que había sido asfixiada.

Recordar la República no es un acto de nostalgia. Para mí, que suelo detestar las banderas y los himnos, pues suelen servir sólo para que la gente se mate creyendo que muere por ellos (cuando en realidad muere por quienes los instituyen), celebrar la República es, más bien, recordar, aunque sólo sea una vez al año, que el régimen de monarquía parlamentaria que dio paso a nuestra democracia actual coincide casi exactamente con los designios de la dictadura que en su momento acabó con la democracia en España. Y constatar que es, además, un régimen que ha olvidado recompensar a las víctimas, castigar a los culpables, despojarles de lo que se apropiaron indebidamente. Por eso me parece importante que, al menos una vez al año, uno pueda repartir claveles y recordar una bandera de tres colores y escuchar el Himno de Riego. Porque así se recuerda que las cosas no son como debieron ser. Y que la historia, como decía Vázquez Montalbán, debería pertenecer a quienes la prolongan, no a los que la secuestran. Pero, sobre todo, porque así nos miramos al espejo y por una vez (salvo cuando se encausa a un caricaturista), nos damos cuenta de que (pese a las ficciones de la democracia representativa, en la cual la ideología en sentido marxiano, funciona con eficacia minuciosa), no somos ciudadanos, sino súbditos.

                  

Así que recuerda: 14 de abril de 2008, septuagésimo séptimo aniversario de la II República Española. Fecha para recordar, para mirarnos al espejo y recordar, por una vez, quiénes somos y si todos tenemos, de verdad, los mismos derechos y libertades.

Cuento ofimático

Abril 14th, 2008 by Alexis Ravelo
Aún lo amaba, pero ya no era lo mismo. Los años no pasan en balde y el roce hace el desgaste. Resignada, se refugió en la red (como él lo había hecho en sus tertulias) intentando hallar en chats, foros y blogs aquellos cosquilleos en la boca del estómago que él ya no conseguía provocarle. Como trabajaba desde casa, no le costaba demasiado sacar un par de horas al día para frecuentar a sus nuevas amistades telemáticas, que a veces habitaban en ciudades desconocidas, tan lejanas que para ella eran poco más que un nombre y algunos tópicos cercanos a la leyenda. Y un día apareció hector45 y ella descubrió en aquel hombre una inédita familiaridad. Como si la hubiera estado observando desde siempre. Como si se conocieran de toda la vida. Hector45, casado, de mediana edad, con hijos y desencantado como ella, pero, como ella, fiel a quien había estado a su lado tantos años, amaba los mismos libros, las mismas películas, similares estilos musicales y fue estableciendo con naturalidad los lazos de una intimidad que la hacía esperar ansiosa la hora de la mañana en que él se conectaba. Dejó de visitar otros foros y otros chats, igual que, según le dijo, había hecho hector45. Y comenzó la infidelidad. Una infidelidad sin encuentros físicos y en la que ni siquiera había cámaras, ni fotos, ni micrófonos, sino sólo palabras. Palabras que la excitaban y hacían que sus manos se convirtieran en las manos de su amante, o en su boca, o en su miembro, para celebrar las ceremonias de una pasión que hasta hacía poco  no se sentía capaz de revivir. Acordaron no verse nunca. No caer en la tentación de telefonearse o pedirse más datos que los justos para saber, cada uno de ellos, que existía otra persona en el mundo. Siguieron enamorados, lascivos y tiernos en la intimidad de sus respectivos cuartos de trabajo: hector45, visitándola cada mañana; ella, esperando con ansiedad la diaria visita, la periódica conversación, el cotidiano orgasmo, la renovada sensación de placer culpable y gozo consolador. Incluso jugaron a juegos que iban un poco más allá, como la propuesta de hacer el amor con sus respectivos cónyuges a una misma hora determinada y prometerse pensar el uno en el otro, como si fuera con el telemático amante y no con la propia pareja, con quien se cohabitaba. Al principio, ella tuvo, en alguna ocasión, miedo a que su marido la descubriera, pero, finalmente, acabó descuidando esa circunstancia porque, cosas de la vida, hector45 se conectaba siempre a la hora exacta en que él estaba en la oficina.

Próximos trabajos

Abril 11th, 2008 by Alexis Ravelo

¿Una primicia? No. Mejor dos. Están calentitos aún, a puntito de salir. Desde 2005 no trabajaba para el público más exigente, así que estoy ansioso por compartirlo. Estos son los próximos dos libros que publicaré (en abril y mayo respectivamente).

La princesa cautiva, Colección Cuentos del Gallo Tuerto 1, Anroart Ediciones.

La historia del bufón Alegre Contador, Colección El Volcán, Anaya Infantil y Juvenil.

La heroína secreta

Abril 10th, 2008 by Alexis Ravelo

Con creciente satisfacción, el general paseó en compañía de sus oficiales por la ciudad recién conquistada, contemplando ruinas y cadáveres mientras sus soldados ultimaban el saqueo. Pensando en las odas que los poetas nacionales compondrían en su honor, no reparó en una humilde flor que, entre cascotes y miembros cercenados, había sobrevivido al fragor de la batalla. Sí la vio, en cambio, un joven teniente, destinado a ser el único poeta inmortal que aquella época convulsa daría a la nación, quien se prometió a sí misma recordarla para escribir la que, al pasar los años, sería su obra más celebrada.

Viejo cuento con palabras nuevas

Abril 10th, 2008 by Alexis Ravelo

La policía aún investiga.

Los datos, por ahora, son los siguientes: el pintor, como acostumbraba, se encerró al anochecer para trabajar en su estudio, que disponía de un solo acceso, amén la ventana enrejada. Según sus diarios, se proponía, esa noche, dar los retoques definitivos a su última obra: “Casa de campo con puerta cerrada”. Cuando por fin se le echó en falta, fueron avisados policía y bomberos para forzar el acceso al estudio, que aún permanecía cerrado desde dentro. Sin embargo, no se halló rastro del artista. La paleta y el último pincel utilizado yacían en el suelo, con restos de pintura ya seca, ante el lienzo finalizado, como evidencias de una desaparición apresurada y, probablemente, violenta. Pero no había rastro físico del pintor o de su indeseable pero posible cadáver.

Nadie ha podido todavía arrojar luz sobre estas increíbles circunstancias, esta insólita desaparición que trae de cabeza a investigadores y agentes de seguros. Tampoco nadie se ha percatado de que en la casa representada en su óleo postrero, la puerta permanece abierta. 

Evidencias

Abril 10th, 2008 by Alexis Ravelo

Después de años de terapia, valerianas, somníferos, masajes relajantes y lecturas supuestamente soporíferas, averiguó al fin que la causa de su insomnio era el temor a no volver jamás a despertarse.

Necrológica

Abril 6th, 2008 by Alexis Ravelo

El espacio literario

      Matasombras

Fallecido a manos de sus padres

A LOS CUATRO AÑOS DE EDAD

Después de recibir los Literarios Sacramentos y la Bendición Filológica

D.  E.  P.

Su cadáver será despedido el

Lunes 7 de abril, a partir de las 20:30 en la sala Cuasquías (San Pedro, 2)

Con una última y emotiva

                                           Jam Session de Microrrelatos

Sus desconsolados progenitores: 

Antonio Becerra, Toñín Barrera y Alexis Ravelo,

          Y sus allegados:

Juan Carlos De Sancho, Santiago Gil, Carlos de la Fe, Pepe Olivares, Emilio González Déniz, Judith Bosch, Eduardo González Ascanio, María Jesús Alvarado, Juan Ramón Tramunt. Berbel, Luis León Barreto, Rosario Valcárcel, Alicia Llarena, Carlos Álvarez, Toñi Ramos, Ángeles Jurado más otros que se sumarán a la conducción del finadoRuegan a sus amistades y personas piadosas se sirvan acompañarles en este penoso trance Y lean un microrrelato (cuento breve de menos de 300 palabras) por el eterno descanso de su alma.

Algunos textículos en Santa Brígida

Abril 4th, 2008 by Alexis Ravelo

Santa Brígida, Biblioteca Municipal, Algunos Textículos

Abril 3rd, 2008 by Alexis Ravelo

Después de su presentación en el Club Prensa Canaria, Algunos textículos comienza su gira mundial (es broma, más quisiera) este viernes, 4, a las 19:30 en la Biblioteca Municipal de Santa Brígida.

Estaremos allá con Santiago Gil y con Toñy Morales y Gonzalo Berzosa, que pondrán voz a algunos de los relatos.

 

Si te perdiste la primera presentación o te apetece repetir, ya sabes: Santa Brígida, Biblioteca Municipal, Algunos textículos, viernes, siete y media.

Mahmudiya

Marzo 31st, 2008 by Alexis Ravelo

El espectro me visita cada noche desde hace algún tiempo. He llegado a aceptarlo con naturalidad, pero se me hace imposible acostumbrarme. ¿Cómo va uno a acostumbrarse a que alguien salga de las profundidades del armario en medio de la madrugada y se siente al borde de su cama? 

Eso es exactamente lo que hace el espectro, una niña de unos catorce años, de apariencia persa y hermosos ojos negros. Aparece cada noche, recorre con sus pies descalzos los dos metros escasos que separan el armario de mi lecho y se sienta. Después orienta lentamente su rostro hacia mí y llora durante unos minutos, antes de regresar por donde ha venido. Nunca hablamos. Ambos sabemos que no podríamos entendernos.

 El espectro no tiene nombre. Quizá si tuviera nombre nos importaría a todos y nos importaría más. Escribiríamos artículos de opinión en nuestros periódicos con ese nombre en el título, probablemente sólo el de pila, para apelar a la íntima implicación del lector en su drama. Empapelaríamos las calles y los cristales de nuestros autos con su foto. Nos pondríamos lazos de algún determinado color para recordarla. Pero no tiene nombre. O lo tiene, pero a nadie le ha interesado averiguarlo.  

El espectro va vestido con los andrajos de lo que un día debió ser un pijama infantil. A través del lamparón que hay en uno de sus hombros se adivinan las quemaduras que le cubren el pecho y la espalda. Sus muslos y su entrepierna están manchados de sangre seca y oscurecida por el tiempo y el horror.  Yo sé quién es y cuál es el origen de sus heridas. Sé por qué viene a visitarme cada noche. Por qué llora. Por qué sufre. Por qué siempre, justo antes de desaparecer, se vuelve nuevamente y señala con la cabeza hacia el este, intentando que recuerde que otros como ella, siguen allí, recorriendo ese corto camino que más pronto que tarde acabará convirtiéndoles también en espectros.  

Sé todo eso y, sin embargo, lo olvido cada mañana.  

Únicamente en la noche, cuando el silencio permite su recuerdo, esa niña existe. Aunque sólo sea en la soledad de mi cuarto. En el preámbulo a mis pesadillas. En el infierno de mi remordimiento.

Cabeza de falo

Marzo 30th, 2008 by Alexis Ravelo

… porque te conozco bien y sé que no dejarás pasar la oportunidad. ¿Crees que no me doy cuenta? Te he observado mirarla como al despiste, pero lamiéndole bien el cuerpo con los ojos, desde los pies a los pechos, sin dejarte atrás las nalguitas, siempre prietas en esas minifaldas que se pone. Sí, hombre, no disimules con esa cara de zorrito bueno, que aquí ya sabemos quién se guinda a las gallinas.

Ella se hace la tonta, pero también te mira y sólo está esperando a que tú escojas el momento de atacarla. Al principio se resistirá, claro. Pero acabará sucumbiendo a tus besos en su cuello, a tu forma de acariciar sus caderas. Si es que siempre se te dio bien…

El único problema hubiese podido representarlo Marcos. Para ella no, por supuesto. Esas cosas acaban notándose y a todos se nos cae de maduro que Marcos no debe ser ningún portento en el terreno horizontal. Sólo hay que ver la cara de hastío que pone Liliana cuando él toma la palabra en las terrazas. Todos, incluso tú, escuchan interesados. Todos menos ella y, quizá, yo. Aunque, que conste, mi desinterés no se debe a que Marcos me aburra, sino a que me parece mucho más divertido comprobar que Liliana sigue esperando tu iniciativa.

También puede ser que me equivoque y que tú hayas adoptado ya las medidas necesarias. En ese caso, a lo mejor llevas semanas derramándote sobre ese cuerpecito de nínfula, en algún piso alquilado a medias en el sur. No me extrañaría, pero tampoco me importa pues, bien mirado, a mí todo este asunto no me toca en exceso. Ni siquiera Marcos le confiere demasiada importancia. Él seguirá al margen, queriéndola a ella y queriéndote a ti. No cambiará nada el hecho de que se entere, cosa que ocurrirá, porque a veces, en la terraza, se le ve ya un guiño de sospecha, pese a que se calle y pida otro cubata como si en realidad pidiese confesión. No me vengas con eso de qué cosas se te ocurren. Para qué disimular. Ella no dirá que no. Marcos tampoco. Busca la oportunidad esa noche en que a él le toque trabajar y tú salgas solo. Es cosa de tocar y de pasaba por aquí. Ella te recibirá en bata, nerviosa, simulando sorpresa. Tú, por tu parte, fingirás haber pensado que Marcos estaba en casa. Ella sabrá que mientes y tú sabrás que ella lo sabe, así que te dejarás convidar a una copa y ahí empezará el juego del hombre de mundo que en realidad es un tipo sensible y necesita comprensión. The rest, is silence, como dijo Guillermito. Y yo pasaré esa noche en casa, leyendo cualquier novela de Bioy, desvelada, pero no esperándote, porque no llegarás hasta que Marcos salga del trabajo y llegue al catre para encontrar a Liliana que duerme sonriente como nunca antes.

Tú entrarás y aún estaré leyendo y fumando. Simularé que acabo de despertarme pero el cenicero repleto me delatará. Mientras hago chocolate para los churros que habrás comprado por el camino, me dirás que has pasado la noche en el Babel y yo te creeré, deseosa de hacerlo, como siempre.

De Segundas personas.

Vals triste

Marzo 30th, 2008 by Alexis Ravelo

…un último latido, un último dejo de color, rojo penetrante, rosa punzante, un suspiro, una niña que se aleja. V. Nabokov. Lolita.

 Sólo soy un pobre vals que vaga por la Galería Nacional a la espera de que alguien se pare a observar a mi amada y me entone ante ella. Deseo inútil, por lo demás, pues sé que ella no se percatará de mi presencia, que no podrá oírme, que nunca lograré hacerle sentir mi tres por cuatro en su interior, que jamás me bailará. Y, claro, cómo habría de hacerlo si ella es toda imagen, toda escena.

Por añadir detalles a mi martirio, diré que mi amor es la joven representada en un cuadro titulado Pubertad por Edvard Munch. Él es el causante de todos nuestros sufrimientos; él, por haberla pintado así, tan joven, tan indefensa, sentada al borde del lecho con las manos cruzadas sobre sus piernas temblorosas, con su blanquísimo cuerpo desnudo, los senos niños, la melena cayendo sobre sus hombros como las nubes negras de un mal día, los ojos grandes, desafiantes y temerosos, vacilantes pero seguros de la vida a la que su dueña despierta.

Yo llegué ya viejo al museo, un día de primavera, en los labios de un estudiante que, por aquel entonces, silbaba insistentemente mi melodía en la hora y lugar que le viniesen en gana, sin respetar la estudiosa seriedad de los usuarios de las bibliotecas, el aliento contenido de los visitantes de los centros de exposición.

Sin embargo, cuando se detuvo ante ella, quedé congelado en sus labios, incapaz de continuar vibrando en el aire, inmovilizado por la belleza inquietante de aquella pálida luna con forma de niña que encara su futuro de mujer.

Desde ese momento, olvidé todas las ajenas historias de amor de las que fui testigo, todos los salones que poblé en noches felices. Decidí permanecer aquí, apartado de conciertos, ensayos y duchas; maldigo mi popularidad. Temo que alguien vuelva a acordarse de mí y dé en tararearme, alejándome del ser querido.

Así dejo transcurrir mi existencia eterna, invadiendo a todo aquél que se para a observar a mi ninfa, e intentando en vano llamar su atención. Quisiera que me escuchase tan sólo una vez, para ser la más feliz de las partituras, el más hermoso de los sones; alejaría de ella sus miedos, sus inquietudes: la llevaría en mi danza al bello mundo al que teme acercarse, seduciéndola con la dulzura de mis notas, con la algarabía de mi ritmo. Pero sé que todo es inútil, porque Munch, ese monstruo deleznable, no puso en ningún rincón de la oscura escena un violín, un arpa, ni tan siquiera un modesto traste de guitarra que permitiese a mi adorada niña escuchar alguna de mis notas.

Sólo soy un viejo vals, vagando interminablemente por los rincones de un museo, a la espera de que alguien se pare a observar a mi amor.

 

De Segundas personas.

Rafael Azcona

Marzo 27th, 2008 by Alexis Ravelo

Un verdugo, en conversación informal, justifica el desempeño de su oficio arguyendo que es una labor social, que alguien debe acabar con el mal social que supone el crimen y que, al mismo tiempo, alguien debe finiquitar con eficacia los sufrimientos del reo. Al preguntar a su interlocutor, a la sazón un simple empleado de funeraria, lo que piensa sobre el asunto, aquél contesta: “Hombre, yo lo que pienso es que la gente debe morir en su cama. Como todo el mundo”.

El autor de este sencillo y genial diálogo, en plena dictadura y con la pena de muerte tristemente de moda, falleció entre el domingo y el lunes. Se llamaba Rafael Azcona y era, sin lugar a dudas, un genio. Creó las peripecias de un transportista perdido en el laberinto de circunstancias que rodeaban en cierta navidad la campaña “Siente a un pobre en su mesa”; nos llevó a las preocupaciones de un joven que decidió casarse con una anciana para conseguir en heredad un piso y vio, tras la boda, como la salud de ella se fortalecía; nos mostró a un anciano Pepe Isbert que estaba empeñado en tener un cochecito. Sus personajes hablaban como habla la gente en la calle, con normalidad y hasta vulgaridad. Las cosas que decían eran las cosas que dicen los filósofos, los psicólogos y los sociólogos sin que, normalmente, nadie les comprenda.

En una época de grises y blanco y negro, Azcona lograba burlar con su humor inteligente las garras de la censura y mostrar las diferencias de clase, las contradicciones internas de un sistema absurdo como absurda es toda dictadura y toda legitimación del poder oligárquico que ha dominado el plano político en la historia de España en el siglo XX. La España de los curas, del señorito, de la señora marquesa, de la autoridad, pero también la del nuevo rico, la del burócrata, la del tiburón financiero, fue el blanco de su mordazidad implacable.

En tiempos de dictadura, pero también en tiempos de ese hipogrifo que se llamó “Transición”, Azcona representó la lucidez que constata los absurdos, la inteligencia que antepone la fuerza de la razón a la razón de la fuerza, la mirada a los seres humildes que los sistemas trituran.

El más grande de los guionistas españoles ha fallecido y ahora sólo nos queda recordar y volver a ver aquellas películas y asombrarnos de cómo siguen vigentes aquellas historias, porque hoy, como siempre, la legitimación ficticia del poder y el enmascaramiento de las contradicciones de clase siguen estando ahí y la inteligencia y el humor son, en ocasiones, las únicas armas con las que pueden ser desenmascaradas.

Cansancio

Marzo 26th, 2008 by Alexis Ravelo

 

Simplemente, por agotamiento, porque se cansó. Se cansó del trabajo, del siempre es lo mismo, del para qué, si da igual. Se cansó de los cines y los teatros con aquellas amigas, tan divorciadas, tan solteras, tan de mediana edad, tan solas como ella. Se cansó de las palabras, de los libros que contaban historias apasionantes que nunca eran la suya. Se cansó de la playa los sábados, de los almuerzos en familia los domingos. Se cansó de preocuparse por su hijo adolescente y ajeno, despreocupado de ella. Se cansó de sentirse extraña y comportarse de manera políticamente correcta cuando se encontraba con su ex, y de devolverle el saludo sonriente a la jovencita con quien ahora andaba. Se cansó, asimismo, de las salidas de los viernes. De los encuentros con los salidos de los viernes, de los intercambios de números de teléfono y correos electrónicos, de los ocasionales encuentros sexuales con hombres que no tenían nada mejor que hacer ni mejor mujer con la que acostarse, aunque persistieran, uno tras otro, en reeditar el torpe andamiaje de esa ficción donde ella era algo especial y querían volver a verla. Se cansó también de recordarlo a él, que no la recordaba, que a saber dónde andaría ahora, y con cuánta barriga y cuánta calva y cuántos hijos o nietos. Se cansó de todo. Especialmente se cansó de aquella jaula de cristal que ella misma se había construido y había llenado con figuritas, reproducciones de cuadros, discos compactos, recuerdos estúpidos como caracolas y piedras recogidas a la orilla del mar, fotos de viajes anuales a sitios exóticos que no lograban mitigar la soledad y el aislamiento, imperceptibles si uno no era ella. Fue por eso por lo que se metió en la cama, cerró los ojos y se borró a sí misma del mundo. Así la encontró, cuando al fin la echó en falta, su hijo. Tumbada. En silencio. Inmóvil. Inmutable. Otros dirán que renunció a la vida. Explicaciones, cada uno tendrá la suya. Ella sólo descansaba.  

Discapacidad

Marzo 25th, 2008 by Alexis Ravelo

Nunca fue aceptada como las demás. Era indefectible y minuciosamente expulsada de corrillos, grupos de juegos y festines en graneros. Le impedían participar, incluso, cuando sus hermanas devoraban colectivamente a un perro o un gato incauto que se había atrevido a hacerles frente. Y el motivo era algo de lo cual ella no tenía culpa alguna: su sordera. Para las demás, una rata sorda suponía una especie de afrenta que la naturaleza hacía a la comunidad. Así que se acostumbró a quedarse a un lado, a no seguir al resto en sus correrías, dada la dureza de los castigos que recibía normalmente.

Por eso, por miedo a las represalias, cuando las vio marchar en fila india tras aquel hombre tan extraño, no se atrevió a seguirlas. Porque, como todos sabían, las ratas de Hammelin podían llegar a ser muy crueles.