Ponga a un canario en su biblioteca

5 03 2010

canario

Mi querido amigo /querida amiga:

Usted, que descubrió con ojo avezado el realismo mágico antes que nadie y maneja con facilidad varias generaciones narrativas, no sólo peruanas, argentinas y mexicanas, sino también cubanas, venezolanas, paraguayas, brasileñas.

Usted, persona de hábitos sibaritas, que ha mostrado a sus amigos y amigas las excelencias de escritores de lugares como Armenia, Congo Belga, Albania, Bosnia, Turquía y Eslovaquia.

Usted, lector o lectora perfectamente al día, que ya leía a los autores suecos antes de que llegara Larsson, que ya había asistido a la edificación de los pilares de la tierra antes de que se implantara su marina franquicia catalana y ya sabía de todos los secretos vaticanos antes de que el cine los expusiera al vulgo.

¿Va a dejar pasar la oportunidad de ser el primero o la primera entre los suyos en descubrir el nuevo fenómeno literario periférico? ¿Va a permitir que sea ese compañero de oficina estirado, esa vecina “moderna”, ese cuñado pedante, o esa primita resabiada quienes le descubran a estos nuevos e interesantísimos autores?

Piense que en este mundo global, en el que todo lo excéntrico parece tan céntrico y tan explorado, en el que parecen no quedar ya flores salvajes, existe aún una literatura periférica por descubrir, la cual, sin embargo, resulta intelectualmente asequible a su idioma y su cultura sin dejar de ser un producto genuinamente exótico. Me refiero (si está bien informado, lo habrá adivinado ya), a la literatura canaria.

Repare en las evidentes ventajas: alejamiento de la Metrópoli pero cercanía intelectual; africanidad pero en español; referentes americanos pero giros léxicos mucho más familiares para el lector ibérico; crisol de culturas, pero sin necesidad de viajar a Nueva York (carísimo), en caso de querer visitar el escenario de su novela preferida. Y, en cuanto a la moda sueca, recuerde que los canarios fueron los primeros españoles en plantar su semilla en el frío norte (Muchas veces, en sentido literal. Una demanda colectiva de paternidad en los años ochenta lo demuestra).

Y una vez pensado todo esto, no piense más y ponga a un canario en su biblioteca.

Después podrá hablar de la prosa recia de González Déniz, del rico universo de Antolín Dávila, de los deliciosos bocados narrativos de Dolores Campos-Herrero, de los grises ambientes de González Ascanio y las elegantes ficciones de José Manuel Brito.

Podrá hablar, también, de temas de candente actualidad: del polémico asunto de la memoria histórica, con las novelas de Miguel Ángel Sosa Machín como excusa; del pequeño drama de las anónimas víctimas de la crisis, haciendo lo propio con las de Santiago Gil.

Podrá hacer sonreír a sus amistades con los juegos naif de Juan Carlos de Sancho. O presumir de haber constatado primero que nadie la valía de relatistas y microrrelatistas, como la joven Ángeles Jurado o la todavía más joven Judith Bosch.

Si es amante de intrigas y violencias, tiene varios escritores negros entre los que elegir: algunos autóctonos, como Correa o Ravelo; otros afincados hace años en las Islas, como Lozano o Carlos Álvarez (no confundir con el cantante lírico).

Incluso dispone usted de varios ejemplares de canarios afincados en grandes ciudades, como Sabas Martín o José Carlos Cataño (una de cuyas novelas tiene como ganancia secundaria proporcionar un tema originalísimo de conversación, olvidado entre nosotros desde Leopoldo Azancot: el erotismo y el judaísmo).

Y la poesía… Ah, la poesía. Canarias, por si usted desconoce el dato, es tradicional territorio de poetas. Puede empezar por los más jóvenes: Pedro Flores, Tina Suárez, Federico J. Silva, Alicia Llarena, Verónica García, Silvia Rodríguez (no confundir con el cantautor), Cecilia Domínguez, Marcos Hormiga… Son tantos y tan interesantes que usted podrá hablar de uno cada día sin repetirse en mucho tiempo.

Imagínese en medio de esa reunión social en la que ya hace rato que corren el vino y la cerveza, captando la atención de todos al decir: “Recuerdo un poema de un poeta de Lanzarote que…”. Se convertirá enseguida en el centro de interés de sus potenciales amantes y en la envidia de sus rivales amorosos.

Pero, ya que será el primero o la primera en descubrirlos, aproveche su ventaja. Usted, que cuando apareció Mankell olisqueó enseguida a Sjöwall-Wahlöö, no pierda el tiempo y encuentre cuanto antes a los Millares y los Padorno y los de La Torre, a Arozarena y a Isaac de Vega, a Agustín Espinosa y García Cabrera, a Alonso Quesada y Domingo Rivero.

En esta tarea (puede que algo laboriosa, pero de indudable provecho) podrá ayudarse de utilísimos estudios de Jorge Rodríguez Padrón, Eugenio Padorno, Oswaldo Guerra, Antonio Becerra o Nilo Palenzuela, entre otros, sin olvidar a la decana de los estudiosos de la literatura canaria: doña María Rosa Alonso.

Piense en cómo presumirá de haber llegado antes que nadie a los protagonistas de la nueva ola canaria; en la soltura con la que transmitirá sus conocimientos acerca del mestizaje cultural, de la influencia del paisaje en la poética insular; piense en el asombro que despertará al decir a los neófitos: “Pero si los tenías ahí, ante tus narices: justo enfrente de África. Y no los conocías”.

No espere más. Ponga a un canario en su biblioteca.

Quizá al principio le cueste un poco y tenga que dirigirle la palabra a su librero o librera de confianza, porque tal vez (pequeñas desventajas de ser un pionero) hasta dentro de un tiempo no figuren en mesa de novedades. Mucho menos en supermercados, aeropuertos o en esa cadena de negocios que llevan nombre de maniobra textil (o de gesto insultante, si usted quiere) y apellido de gentilicio británico. Esos sitios, como bien sabe, van siempre en el furgón de cola de la cultura, a remolque de lo que ya otros han descubierto. No sea vulgar. Usted tiene demasiada clase para eso. Acuda a los sitios donde re-al-men-te están los libros y solicite a alguno de los autores mencionados en este aviso (que es también advertencia) o a otros canarios que su librero acaso ya conozca.

Porque sí, ya varios editores (ellos no son tontos) han puesto los ojos en diversos canarios y los han fichado. Y, por otro lado, desde hace tiempo los distribuidores (ellos tampoco son miopes) hacen llegar regularmente a cualquier rincón de España los libros de las editoriales canarias (sí, las hay: alguna tienen incluso luz eléctrica y teléfono).

Así pues, no espere más. Que cuando Babelia o El cultural lleguen, usted lleve ya un buen  rato ahí. Conviértase en un precursor, en un pionero, en un experto. No deje que se le eche encima lo irremediable y le coja despistado lo que ya se veía venir.

No dude un instante más. Ponga a un canario en su biblioteca. Hágalo hoy y enorgullézcase mañana. No sea esta vez de los últimos en enterarse.  Hágalo sin demora. Comparta, además, este mensaje entre personas de su círculo más íntimo. No se lo envíe a todas: sólo a aquellas que lo merecen. Se lo aseguro: se lo agradecerán.

Sin otro particular que comunicarle y esperando que la información proporcionada le sea de utilidad, aprovecha para enviarle un cordial saludo:

Bernardo Betancor.

(Becario Adjunto a la Cátedra de Pirobiología y Concatenaciones Diversas de la Universidad de Patafísica de San Expósito).



Año Nuevo del Vendedor de Humo (Para un Catecismo Neoliberalista)

31 12 2009

Año nuevo que estás en la puerta,

aprovechadas sean tus crisis,

maximizado sea tu tiempo.

Despliéguese tu devenir

tanto en las bolsas como en los templos.

El ERE nuestro de cada día

dánosle hoy.

Perdónanos los intereses de nuestras deudas,

así como nosotros esperamos por los pagos de las instituciones.

No nos dejes caer en la deflación

y líbranos de pagar.

Amén.



Pequeñas alegrías

9 12 2009

Pequeñas alegrías

Sí, a veces uno se las lleva, incluso en este mundo que cada vez parece más feo y más aburrido, de vez en cuando ocurren cosas que te interesan y te producen una sonrisilla placentera. Son cosas que dan gustito y que en ocasiones (cada vez menos, hay que reconocerlo) vienen en forma de libro. Como este mes han sido dos y tienen el mismo tema, me refiero a ellas en esta única entrada, en la que intentaré ser más breve que nunca, ya entenderás por qué.

mundosminificción

Me llegan, al mismo tiempo, dos libros dedicados al microrrelato, la minificción, el minicuento o como quieras llamarlo. De hecho, uno de esos libros contribuye a averiguar, desde un punto de vista teórico, qué rayos son, concretamente, ese tipo de piezas narrativas minúsculas que algunos genios cultivaron premeditadamente desde el siglo pasado y unos cuantos nos empeñamos en pergeñar día tras día. El título es Los mundos de la minificción. Lo publica Aduana Vieja y está editado por Osvaldo Rodríguez, con ayuda de Juan Armando Epple y Fernando Moreno. En él figuran las ponencias que pudieron escucharse el pasado año en Las Palmas de Gran Canaria, en Minificción Literaria, unas Jornadas Internacionales de Literatura y Crítica organizadas por la ULPGC con la colaboración del Cabildo Insular. Las firman algunos escritores y estudiosos de merecido prestigio, como los tres mencionados, Francisca Noguerol, Alicia Llarena, María Isabel Larrea o Freddy Vilches Meneses, entre otros. Además, contiene una antología de minicuentos de autores de Canarias, Honduras, Argentina, Chile, Francia y Estados Unidos.

porfavorseabreve_portada72ppp

Y, para antología, la segunda alegría: Por favor, sea breve 2. Nueve años después de la publicación de Por favor, sea breve, la escritora Clara Obligado y la editorial Páginas de Espuma (liderada por Juan Casamayor) vuelven a la carga, reuniendo microrrelatos de más de un centenar de autores bajo el signo de la hormiga y vindicando a Maximino “el Mínimo”, líder de la secta de los formicarios, “quienes hallaron en la pequeñez de la hormiga el origen del universo”. Un verdadero placer lleno de juegos, con firmas consagradas conviviendo con quienes ya están empezando a dar de qué hablar o lo harán en el futuro. Entre los más conocidos: Juan José Millas, Fernando Iwasaki (de quien te hablaré dentro de poco), Ana María Shua (de quien hablo todos los días), Juan Armando Epple (a quien releo cada semana), Pía Barros y Luisa Valenzuela (que vuelven a sorprenderme en cuanto las recuerdo), Luis Mateo Díez, José María Merino, Gabriel Jiménez Emán (el más visible de los invisibles) y hasta Ramón Gómez de la Serna. Con un excelente prólogo de Francisca Noguerol y bello como objeto como por su contenido.

Como nada es perfecto, ambos libros incluyen cuentos de cierto escritorzuelo calvo que ya conoces y al que puedes saltarte, puesto que ya has leído sus textos aquí. Pero, las cosas claras y el chocolate espeso, no es por eso por lo que escribo esta entrada, sino porque, sinceramente, estos dos libros me parecen no sólo necesarios, sino también interesantes y, por qué no reconocerlo, muy divertidos. Además, qué diantres, ambos huelen que dan gloria.



Hilaridad

14 10 2009

Sueño con una mujer. Una mujer zurda. Una mujer zurda que ríe.

Golpeando el aire con una raqueta de tenis, la mujer pasea en traje de noche por un jardín inmenso y ríe.

La sigue de cerca un anciano que lleva babero en lugar de camisa y agita las manos intentando atrapar algo invisible en el aire que hay tras ella. El anciano, barbudo y calvo, se parece a Pablo Picasso, a Ernest Hemingway, a Ben Kingsley, a Milan Kundera en un mal día.

La mujer ríe y su risa es una golondrina que los sobrevuela antes de partir a países cálidos. Vuelve a reír y su risa se transforma ahora en millones de gotas de rocío que el viejo intenta atrapar infructuosamente. Ríe otra vez y su risa es un millar de moras que flotan a su alrededor unos instantes y de las cuales él consigue atrapar un puñado, antes de entregarse a la actividad de consumirlas con fruición, una por una, deleitándose como si cada una de ellas fuera la última.

La mujer continúa andando alrededor de los parterres y riendo una y otra vez. Y sus carcajadas se convierten en pétalos de rosa azul, en bombones de licor, en colibríes, ruiseñores o conejitos que comen tréboles, en azahares lanzados a manos de bellos adolescentes.

Pero el hombre ya no la sigue en su deambular por el jardín. Se ha quedado atrás, bajo un flamboyán, dándole la espalda, comiendo moras.

Ya no es un anciano. No está encorvado. Cuando se vuelve, sus arrugas han desaparecido. Su barba cana y rizada es ahora un uniforme manto de color azabache.

La mujer cesa de reír. Sus carcajadas se convierten  en una luminosa sonrisa. Deja de caminar y le mira con hermosos ojos color miel en cuya profundidad se adivina un paraíso esmeralda.

Ahora están uno junto al otro, pese a que ninguno de los dos ha hecho el menor movimiento (cosas de los sueños) y la mano de la mujer suelta la raqueta (que queda suspendida en el aire) para posarse levemente sobre la mejilla del hombre, que ríe con la alegría despreocupada de un niño, cada vez más ruidoso, cada vez más joven.

Al despertar, me pregunto si ella reiría para mí. En todo caso, tras inspeccionar concienzudamente mi rostro en el espejo, decido que ha llegado el momento de recortarme la barba.



Un fogonazo: Veinticuatro horas en la vida de una mujer

1 10 2009

Por si andamos despistados: Stefan Zweig es un escritor austríaco nacido en 1881 y fallecido en Brasil en 1941, adonde había llegado huyendo del nazismo y donde se suicidó junto a su mujer, tras la caída de Singapur, pues no deseaban vivir en un mundo dominado por el totalitarismo.

Stefan_Zweig01[1]

(Nota macabra: Cuando buscaba una foto del autor para mostrarla aquí, me encontré con una terrible, en la que vemos su cadáver y el de su esposa, cuando acababan de envenenarse, en su cama de la ciudad de Petrópolis. Nunca me gustó esa foto. Prefiero pensar a ese hombre en la plenitud de su militancia pacifista.)

Fue muy prolífico y muy popular en su momento y es muy célebre, entre otras cosas, como biógrafo. Vale la pena leer sus biografías de Magallanes, María Estuardo o Fouché, el secretario de Napoleón (sí, ese que según las malas lenguas, “consolaba” a Josefina durante las largas ausencias de Napoleón). Pero sus obras más célebres (y en mi opinión, más deliciosas) son sus cuentos (si puedes encontrarlo, no te pierdas “Leporella”) y sus muchas novelas cortas, que Acantilado está editando desde hace varios años. Te sonará una de ellas, Carta a una desconocida (hay dos versiones cinematográficas, además de muchas cursis imitaciones. La primera de las adaptaciones es un clásico imprescindible del maestro Max Ophuls), pero también firmó muchas otras, como esta que te traigo hoy: Veinticuatro horas en la vida de una mujer.

24horas

Está ambientada en la época de entreguerras en la Costa Azul. La anécdota es sencilla: En un hotel de vacaciones, la huida de una mujer casada con su amante provoca un escándalo y, posteriormente, una agria polémica  entre los huéspedes, en la cual el narrador defiende el punto de vista de la adúltera. A raíz de ese enfrentamiento, una anciana dama  que también se hospeda allí, le cuenta, tras muchos reparos, una secreta, breve e intensa pasión vivida muchos años atrás, hacia un joven jugador arruinado con quien se encontrara en Montecarlo. La mujer, entonces viuda reciente, de mediana edad y posición elevada, se verá, casi sin darse cuenta, envuelta en una aventura en la que, más que actuar, se deja arrastrar por las circunstancias por primera (y única) vez en su vida. Veinticuatro horas en la vida de una mujer es una historia que habla sobre la naturaleza de la atracción y el enamoramiento, sobre la transgresión de los convencionalismos sociales, sobre la generosidad personal y sobre lo que ocurre cuando cabeza y corazón no se ponen de acuerdo.

Repito: la anécdota es sencilla. Seguro que otros contaron antes esta historia. Puede que muchos más la contaran después. Pero apuesto mi ejemplar ilustrado de La metamorfosis a que nadie la ha contado como Zweig.

Tres motivos para leer a Zweig: la elegancia de su estilo, su habilidad en el tratamiento de la psicología de los personajes y su diestro manejo de la intriga novelesca. Veinticuatro horas en la vida de una mujer es, en fin, un centenar de páginas de la más alta literatura, uno de esos libros que se convierten en algo inolvidable, un fogonazo de extremada belleza en medio de la plúmbea oscuridad.

Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig. Barcelona, Acantilado, 2007, 102 páginas.



Amores en la guagua: virus mutantes de larga incubación

28 09 2009

guagua2

Pues sí, parece que no sólo la gripe A arrasa, sino que el argumento de los amores en transporte público también es un virus mutante y peligroso, de, en ocasiones, larga incubación y de resistencia a prueba de libros de Raymond Queneau.

Hace un tiempo, yo pasé por lo mismo. Después le ocurrió a Emilio González Déniz y otros imprudentes que no se habían vacunado. Ahora acaba de caer un buen amigo, que explora el interior de la pluma.

¿Quién será el siguiente? ¿Acaso tú?



Hazme el favorcito

13 09 2009

Ceremonias, como sabes, es el blog personal de un escritor. Ese escritor es plenamente consciente de que los textos que publica en este sitio son susceptibles de ser citados o reproducidos por otros bloggers (o bloguers, o blogueros, o como hayamos convenido en denominarlos). Pero una regla no escrita, mas saludable, de estas cosas de las blogosfera es que lo educado es citar la fuente del texto e incluir un link, lo cual, amén otras ventajas, facilita el conocimiento de nuevos blogs a los usuarios de tu sitio.

Así que si, en algún momento, te apetece o te es útil utilizar alguna de las entradas de Ceremonias para tu blog (Ojo: para tu blog; en papel, ni se te ocurra) eres libre de hacerlo. Pero, por favor, compórtate de forma educada: cita la procedencia e incluye un link a este sitio.

Gracias por anticipado.



Ni bajo el agua

2 09 2009

caricatura_alexis_2

Hoy hace exactamente tres años que colgué mi primera entrada en Ceremonias. Fue Contestación, que posteriormente apareció, como tantas otras de estas ceremonias, en Algunos textículos.

Tres años de blog: 159 cuentos, 34 recuentos, medio centenar largo de noticias y algunos desórdenes; 1.919 comentarios y unas 63.200 visitas (comencé a contarlas a finales del año pasado), no solo desde todo el Archipiélago y el resto del país, sino desde lugares tan lejanos como Bélgica, Alemania, Suiza, Marruecos, Honduras, Panamá, Estados Unidos, México o Argentina.

Tres años de blog y, mientras tanto, seis libros, unos cuantos talleres para adultos, decenas de talleres infantiles, varios espectáculos teatrales, un programa de televisión, trabajo diario, duro y absorbente, enseñándome, día a día, que tengo que seguir aprendiendo y debo aprender a hacerlo mejor. Siempre.

Tres años de blog y un montón de nombres que no intentaré escribir aquí porque son tantos que se me olvidaría alguno: tantos blogueros amigos echando una mano para difundir los cuentículos de este pobre grafómano; tantos amigos nuevos que llegaron para quedarse; y tantos otros que ya estaban ahí pero que no han fallado jamás. Incluso alguno que estuvo todo el tiempo que pudo, pero no consiguió quedarse hasta hoy, porque la muerte es caprichosa, aunque sabe lo que se hace y suele llevarse a los mejores.

Ceremonias cumple tres años. Ya come solo y pide el pis. Si eso ha sido posible es, sobre todo, gracias a ti, que lo visitas de vez en cuando y cuidas de que goce de buena salud.

Confieso que alguna vez, durante este tiempo, pensé en cerrar el quiosco y callarme. Pero hubo dos poderosos motivos que me lo impidieron. El primero, la presencia constante de esos amigos que menciono más arriba, tu misma presencia, entrando a ver qué cuento hay esta semana, cuál es la última obsesión del amigo Ravelo o de qué libro se ha enamorado ahora. El segundo, menos agradable y, no obstante, igual de poderoso: el hecho de que los enemigos (que haberlos, haylos siempre) no se llevarían precisamente un disgusto si de repente esta mosca cojonera decidiera guardar silencio. Alguna vez intentaron embaucarme regalándome un cursillo de buceo. Pero se equivocaban: no me voy a callar ni bajo el agua.

Hay Ceremonias (espero) para rato. Aquí espero tus visitas y tus comentarios.

Yo, como desde hace tres años, te ofreceré lo único que tengo: pequeñas píldoras para leer rápido y pensar despacio.

Y, para conmemorar el aniversario, te regalo esta, que lleva por título:

Cuentículo ciento sesenta

Me pediste silencio. Ahí lo tienes, todo tuyo; guárdalo bien. Yo, si no te importa, continuaré hablando.



Para hallar la felicidad en el siglo XXI

5 07 2009
1gaviota-prohibido

Foto: http://carrero.es/increibles-fotografias-e-imagenes/2228

Deje de fumar (exceptuamos los cigarros puros, por motivos de elegancia y distinción).

No trasnoche (no hay necesidad de cerrar todos los bares de la ciudad, ni de pasear bajo la luna).

Deje de consumir estupefacientes.

Levántese temprano (las primeras horas del día son las más importantes).

Deje de sumarse a causas minoritarias.

Deje de leer libros escritos por gente que se ha muerto.

Haga voto útil.

Reenvíe masivamente todo correo electrónico en el que se pida su apoyo a la defensa del medio ambiente, la adopción de cachorritos, la erradicación del hambre en el mundo, la paz, la libertad o cualquier otra causa tan justa como abstracta.

Deje de participar en iniciativas no virtuales de apoyo a la defensa del medio ambiente, la adopción de cachorritos, la erradicación del hambre en el mundo, la paz, la libertad o cualquier otra causa tan justa como abstracta (se evitarán, especialmente, manifestaciones y otras acciones colectivas).

Deje de leer clásicos (basta con que los compre y los muestre en sus anaqueles; cualquier resumen será suficiente para dar cuenta de su contenido y podrá fingir que los ha leído, ahorrándose auroras de dedos rosáceos y mentidos robadores de Europa).

Interésese por el fútbol.

Entérese de todo lo relacionado con el fútbol.

Deje de flirtear (en todo caso, puede desear secretamente, pero no flirtee. El onanismo moderado es buena solución en caso de tentación irresistible).

Ame el fútbol (cualquier otro deporte en el que sus compatriotas compitan como nunca y pierdan como siempre es susceptible de ser amado; lo importante es pertenecer a algo que le permita sufrir impunemente).

Hágase un plan de pensiones.

Deje de decir lo que piensa y comience a pensar en lo que dice. La sinceridad y la franqueza están sobrevaloradas.

Deje de una vez los estupefacientes.

Deje de leer libros que no lee nadie.

Acuda al gimnasio.

Elija alguna persona confiable que esté dispuesta a sacrificar una sexualidad libre a cambio de una periodicidad razonable en sus encuentros sexuales.

Deje de pensar en el presente.

Lábrese un futuro.

Deje de leer libros que le hagan plantearse preguntas. Lea los libros de los que todos hablan, los publicitados en las bolsas de papel de las ferias del libro. Seguro que son más placenteros y menos incómodos que esas cosas que usted lee. Lea a Osho, a Jorge Bucay, a cualquier tratadista de Feng Shui, Tai Chi, I Ching, Reiki o asunto similar. La novela histórica también es buena opción, pero solo si trata temas de extremado interés: construcción de catedrales, amantes de Alejandro Magno, poetisas griegas que jamás existieron. Olvide a Yourcenar. Olvide a Robert Graves.

Piense en el futuro.

Cásese con esa persona confiable que esté dispuesta a sacrificar una sexualidad libre a cambio de una periodicidad razonable en sus prácticas sexuales.

Cambie pasión por cariño; intensidad por extensión; comprensión por deseo.

Crea firmemente que “democracia representativa” y “democracia” son sinónimos exactos. Confunda liberalismo con libertarismo. Sea tolerante, aun con los intolerantes (todo el mundo tiene derecho a intentar imponer sus convicciones a los demás, particularmente las éticas y religiosas. Y no se empecine en querer llegar a objetivas verdades históricas. Todo es relativo: incluso la ignominia, incluso el genocidio. Deje de preocuparse por el pasado. Piense en el futuro).

Sea razonable.

Tenga sentido común.

Piense en el futuro.

No se enamore. Amar es peligroso.

Defienda a las minorías (sobre todo si son las que detentan el poder económico; a las demás, apóyelas solamente en público y hasta cierto punto, especialmente si sus intereses entran en contradicción con los de las minorías que detentan el poder económico).

Oculte sus prejuicios tras un discurso adecuado (por ejemplo, aunque sea machista o machisto, puede permitirse dar patadas o patados al diccionario o diccionaria; lo importante es que nadie pueda acusarle de serlo).

Piense en el futuro (siempre hay un camino a la derecha).

Deje de creer en la lucha de clases (las clases no existen: como ya se le ha indicado, todo es relativo, hasta la ignominia).

Las posibles contradicciones internas en su discurso pueden fácilmente soslayarse (existen múltiples recursos, desde la falacia a la elevación de la voz), así que no se preocupe demasiado por lo que digan esos progres.

Ni se le ocurra enamorarse.

Ya se le ha advertido.

Piense en el futuro.

Evite los espejos.



Negativa

18 05 2009

He pensado tanto y me han hecho pensar tanto; he enamorado tanto y me han enamorado tantas veces con sus palabras que he decidido negarme a pensar que ese caudal de versos y humanidad se ha agotado. Me niego rotundamente. No voy a hacer el panegírico de Mario Benedetti. Eso implicaría aceptar que ha muerto y mi sentido común me inclina a no creerlo, hoy que está más vivo que nunca, cuando hasta quienes le ignoraban minuciosamente se ven obligados a constatar el innegable hecho de su grandeza desde las páginas de sus grises tabloides.

Inserto, eso sí, un hermoso y breve poema que apareció hace treinta años en Cotidianas. Confieso que he elegido al azar. Había tanto y tan bello donde escoger, que opté por que fuera la suerte la que decidiera con qué versos recordarle.

benedetti_02

Botella al mar

El mar un azar

VICENTE HUIDOBRO

Pongo estos seis versos en mi botella al mar

con el secreto designio de que algún día

llegue a una playa casi desierta

y un niño la encuentre y la destape

y en lugar de versos extraiga piedritas

y socorros y alertas y caracoles.

Mario Benedetti



Ejercicios de estilo

16 05 2009
Raymond Queneau

Raymond Queneau

En 1947, Raymond Queneau, surrealista, patafísico y miembro del Oulipo (grupo de investigaciones de literatura potencial), a quien el mundo debe, entre otras cosas importantes, la desternillante Zazie en el metro, publicó el inagotable Ejercicios de estilo, donde cuenta una misma anécdota, por lo demás, bastante pedestre, con 99 estilos diferentes.

La inspiración le había llegado a Queneau, según atestigua en el Prefacio a la edición de 1963, tras escuchar una interpretación del Arte de la Fuga, pensando en la obra de Bach “como construcción de una obra por medio de variaciones que proliferaran hasta el infinito en trono a un tema bastante nimio”.

En esa misma edición, Quenau añadía una lista de ejercicios de estilo posibles que él no había ejecutado y que lanzaba como propuesta al lector.

Caligrama de Carelman para la edición ilustrada de "Ejercicios de estilo"

Caligrama de Carelman para la edición ilustrada de "Ejercicios de estilo"

Hace unas semanas, en una de las sesiones de Factoría de Ficciones, tocamos el tema de este libro y leímos algunos de los ejercicios de Queneau. Luego surgió la propuesta, por parte de Andrés Sánchez Sanz, uno de los talleristas, de sortear algunos epígrafes de esa lista de ejercicios de estilo posibles entre los participantes de nuestro taller, para que cada uno elaborara un texto a partir de la premisa que le hubiera tocado en suerte. Los resultados fueron variados y divertidos. Hubo quien incluso elaboró caligramas y collages. Como homenaje a Raymond Queneau (a quien, creo, no se conoce suficiente en nuestro ámbito y nuestra época), inserto a continuación mi propio texto, escrito a partir de la premisa “Reglas de un juego”.

Para jugar al Juego de la Línea S

 

El juego se desarrollará en el autobús de la Línea S, preferentemente atestado y en horas de mediodía.

El objetivo del juego será encontrar y ocupar el último asiento libre.

Los jugadores subirán al vehículo ataviados de las más variadas formas.

Una vez alcanzado el objetivo se premiará al ganador con la posesión del mencionado asiento (por supuesto, sólo hasta el fin del trayecto. Los participantes se abstendrán, especialmente, de intentar desatornillarlo de sus anclajes con el fin de llevárselo a casa).

Obtendrá diez puntos adicionales aquel jugador de menos de treinta años que lleve sombrero de fieltro con cordón en lugar de cinta y abrigo llamativo. Sin embargo, si este jugador es cuellilargo y respondón, esos diez puntos se reducirán a ocho.

En el caso de que exista sospecha de que el jugador ha obtenido la victoria realizando maquiavélicas maniobras de distracción (por ejemplo, la de provocar una discusión con otro jugador, de mediana edad, a quien haya acusado de empujarlo) se le amonestará posteriormente con severidad la Plaza de Roma, frente a la estación de Saint Lazare, afeándole, además, cualquier fallo en su indumentaria, tal como la ausencia de un botón en su estrafalario atuendo.

 



Cronopios sueltos por la calle Torres

10 05 2009
Foto: Nayra Pérez

Foto: Nayra Pérez

Calle Torres, en Las Palmas de Gran Canaria, hace unas semanas, en el trancurso del concurso de escaparates literarios, convocado por el Cabildo. De pronto, acercarnos al escaparate de Soda Sola, porque nos habían dicho que estaba dedicado a Cortázar. Y allí, efectivamente, diversas ediciones de Rayuela, de Bestiario o de Los autonautas de la cosmopista, pero también, y sobre todo, esta rayuela colorida prolongando el escaparate hacia la calle, o la calle hacia el escaparate. No sabemos con exactitud si se debe al buen gusto de quienes regentan el negocio o si los cronopios, esas criaturas verdes y húmedas, han vuelto a hacer de las suyas. En cualquier caso, se rumorea que el alumnado del cercano colegio de Las Dominicas han agradecido mucho esta excepción lúdica. Hoy me llega esta foto, por cortesía de Nayra Pérez y aprovecho para mostrarla para solaz de cortazarianos y rayuelistas empedernidos. Uno no puede evitar pensar que a Cortázar le hubiera gustado el sencillo homenaje y que, sin duda, habría sacado unas cuantas fotografías.



Deconstrucción

2 04 2009

Escher: Relatividad (1953)

Escher: Relatividad (1953)

 

Ahí. Sé que estás ahí. Leyendo cada una de estas palabras. Motivando que hayan sido escritas. Trayéndolas a la existencia con tu sola mirada.

Lees la palabra “ahí” y la palabra “ahí” empieza a ser un lugar que no existía hasta que tú decidiste, con tus ojos, que lo fuera. Y tu ahí es un cuarto de hotel, el salón de tu casa, un estudio, un dormitorio, tu puesto de trabajo o una biblioteca, a horas de avión, a un paseo en barco o a minutos de guagua de donde yo uní tres letras para decir “ahí”.

Y ahí es sencillamente ahí, o no tan sencillamente, porque es el país que habitas, robando instantes que te permitan leer y no ser tanto tu oficio, tus obligaciones, las cosas que han de hacerse porque toca.

Pero si “ahí” es, entonces también hay un aquí. Y ese aquí soy yo rompiéndome la cara contra una página en blanco que va dejando de serlo mientras escucho a Wagner (podría haber sido Tom Waitts, Björk o Bach, pero hoy es Wagner y Parsifal), dejando entibiar el café porque quiero llegar a ti, inexplicable, absurda, desesperadamente. Por tanto, hay un ahí y hay un aquí, y ese aquí soy yo buscándote, intentando tentarte, convencerte, al menos durante unos minutos, unas líneas, unas cuatrocientas palabras, de que somos más que eso que los otros piensan que somos.

Así que vuelvo a escribir, y tú vuelves a leer: Ahí.

Y desaparecen las horas de avión, los ratitos de barco, los minutos de guagua. Tu cuarto de hotel, tu salón, tu dormitorio, tu puesto de trabajo, tu biblioteca ya no están ahí, sino aquí. Ya no estamos separados, sino juntos, y somos hermanos, amantes, compatriotas en ese país de la palabra donde ahí y aquí no existen más que como palabras, como “ahí” y “aquí”, meras excusas para unirnos en el instante, para que mi mano que escribe y tu mirada que lee se fundan en este presente eterno, instaurado por la palabra “ahora”.

Da igual que ahora sea ayer para ti y, para mí, mañana. Yo escribo “ahora” y tú lees ahora.

No hay esperas ni distancias. Quizá yo he muerto ya y quizá aún no has nacido. Pero eso no es más que una ilusión, una impostura en ese otro mundo en el que eres un oficio, unas obligaciones, unas cosas que han de hacerse porque toca. Eso es mentira y ambos lo sabemos. Ambos sabemos que ahora es ahora; que ahora, ahí, es aquí; que ahí y aquí, es ahora.

 



Mar de fondo

9 03 2009
ggb01
Gregorio González: Mar de fondo (Detalle) 
De lo que no se puede hablar, hay que callar.
Ludwig Wittgenstein: Tractatus Logico-Philosophicus, Prop. 7.

 

parece que logras verla

 pero entonces ya no está

salta de aquí

hasta allá

igual que llega

se va

hay quien la llama vida

hay quien la llama mar

 



Oficio de león

7 03 2009

reyleon

 

Soy incapaz

de amar con serenidad.

Mi pasión es feroz,

cruel,

despiadada.

Lleva la marca de la piel,

de la carne.

Lleva impresos

los signos más externos

de las zonas más secretas

de tu alma.

 

Desgarraré, si te acercas, tu corazón;

lo devoraré entre mis fauces.

 

Inevitable riesgo de mi condición predadora:

la probabilidad

de un corazón de gacela en mal estado.

Corrupto,

enfermo,

o, simplemente,

envenenado.

 

Venenos hay muchos:

relojes,

calendarios,

falsas fidelidades,

listas de boda,

nimias traiciones al atardecer,

verdades a medias,

embustes completos,

frialdades repentinas,

orgasmos fingidos,

descontentos fatuos.

 

Corazones y venenos.

Gajes del oficio de león.

 

Sé que moriré 

víctima de tu corazón de gacela,

mas me extinguiré saboreándolo.



Penúltimo deseo

2 10 2008

 

No quiero que estés aquí   

          cuando me alcance la muerte

          para cerrar estos ojos

          que habrán dejado de mirarte. 

No quiero que estés aquí

          para amortajar este cuerpo,

          inútil si no has de volver

          a sentirlo contra el tuyo. 

No quiero, cuando me alcance la muerte,

          que cruces estas manos

          que no podrán ya

          de nuevo acariciarte. 

No quiero que recibas

          los más sentidos pésames  

          de los más asentados pusilánimes,  

          los abrazos amigables  

          de mis inolvidables enemigos,  

          las sonrisas cariñosas  

          de quienes nos negaron el saludo. 

No quiero que estés aquí 

          cuando me alcance la muerte;  

          cuando su hálito convierta  

          en desaliento mi aliento  

          y un médico levante acta   

          del cese de mis funciones. 

Cuando me alcance la muerte   

         no te quiero junto a mí. 

No quiero que estés entonces.         

                                                                 Pero, hasta entonces…



Justificación de la existencia

1 10 2008

Nunca tendré hijos que dulcifiquen mi carácter y me colmen de orgullo.

Ni seré aclamado por las masas en las amplias alamedas.

Nadie contará mis hazañas en largos poemas épicos o floridas biografías.

Esta raza de mediocres conmigo se acabará.

No amasaré fortunas especulando en la Bolsa.

Ni salvaré a mi país de la invasión extranjera, del desorden interior.

Nadie pondrá flores cada año sobre mi tumba.

Mi paso por el mundo pocas huellas dejará.

Nunca ganaré millones y fama.

Ni me dedicarán su tiempo críticos, comentaristas o telediarios.

Nadie se percatará de haber compartido alguna vez el aire conmigo.

Todo lo que de hombre tengo, en podredumbre dará.

Pero nada importa,

                              porque, una mañana, al despertar, descubrí

                              que habías dormido junto a mí.



Los héroes

30 09 2008

Gorgonas solteronas

urden

sustos para los amantes.

Mezquinos diosecillos

les planean

vagos desencuentros.

Pútridas arpías

se cagan

en sus sábanas.

A veces

aparece

un Ulises, un Hermes, un Teseo

que lavan las sábanas

o ahuyentan el miedo

y hacen coincidir lugares y momentos.

Otras veces

andan ocupados

volviendo a su chalé

o testando Reeboks voladoras

o en íntimas ferias taurinas

(esas cosas que suelen hacer los héroes a jornada completa)

y los amantes deben

resignarse a los designios

de esas cifras de lo inmundo,

esas máscaras del azar o del destino,

ya sin héroes ni paladines,

abandonados a su suerte y a sí mismos,

a sus propias manos y la liberación que late en ellas

agazapada.



Muros

30 09 2008

Hacer caer los muros

o pasarte la vida arañándolos. 

Averiguar quién eres realmente

o continuar viviendo esa mentira que llamas yo

Ver tu verdadero rostro

o seguir aferrado a esa mascarada

que te devuelven los espejos

y las fotos de primera comunión. 

Vivir sin temor al sufrimiento

o sobrevivir en la cómoda

ficción de tu mazmorra. 

Derribar los muros

que te protegen y te ciegan,

dejarte llevar por el fabuloso caos que es la vida

o persistir en ese simulacro de orden que es tu prisión.



Deberes para hoy

28 09 2008

 

Recuperar los nombres de las cosas
o, más exactamente, aplicar viejos nombres a las cosas nuevas
                                     y crear nuevos nombres para las viejas cosas.
Sacar el mar del armario.
Reflexionar seriamente sobre lo que esconden tus sábanas,
                                                     lo que oculta tu camisa.
Averiguar cómo era el rostro que me devolvían ayer los espejos.
Comprobar que los enemigos siguen siendo los mismos
               (ayudarse, en esta tarea, de prensa, radio y televisión).
Tomar un melocotón de la cesta.
Oler el melocotón.
Constatar que nada huele mejor en el mundo
               (Salvo tu piel).
Telefonearte y decirte que nada huele mejor en el mundo
               que un melocotón recién tomado de la cesta
               (Salvo tu piel).
Escribir al enemigo más íntimo para agradecerle que lo sea
               (Nada hay peor que no saber contra quién se lucha).
Volver a recuperar los nombres de las cosas.
Constatar que, nuevamente, las cosas se ocultan tras los nombres, inasibles.
Reanimar el ánimo paseando por el parque.
Comprobar que mi árbol continúa estando allí.
Volver a casa y ordenar la biblioteca.
Caminar tras la idea del río.
Desordenar la biblioteca.
Releer a Heráclito, a Manrique, a Conrad, a Borges, a Yeats.
Abandonar la biblioteca en desorden con la satisfacción del deber cumplido.
Perseguir por el pasillo una baba del diablo que va a dar en la mesilla del teléfono.
                               Y citarme contigo.
Comprobar que la cama está hecha.
Comprobar que el amor no está hecho.
Deshacer la cama
                                para hacer el amor.
Reavivar tu llama.
Revivir en ti.
Reinventar nuestros ritos.
Retomar mi caída al cálido infierno de tu sexo.
Reconocerme en tus gestos.
Olvidar las palabras aplicadas a las cosas.
Empezar de nuevo.