El quimérico inquilino: angustia en estado puro

29 08 2009

Trelkovsky, un tímido oficinista parisino de origen polaco, alquila un pequeño apartamento en un antiguo edificio, cuya anterior inquilina se ha suicidado arrojándose por la ventana. En cuanto Trelkovsky ocupa el inmueble, comienzan a suceder hechos aparentemente sin importancia, pero asombrosamente inimaginables. El protagonista no tardará en sentir que los vecinos le controlan, empujándole a asumir la personalidad de la suicida.

El quimérico inquilino

Este es el punto de partida de El quimérico inquilino, de Roland Topor, publicada en 1964. No cuento más sobre el argumento para no destriparla, pero a Trelkovsky le ocurren cosas que, te aseguro, no te gustaría que te ocurrieran a ti. Es una novela inclasificable, en la que hay humor negro e intriga, pero, sobre todo, un angustioso terror psicológico. No es un libro de casas encantadas y fantasmas al uso. Aquí el horror proviene de la influencia de los vecinos, personas de carne y hueso, correctas y hasta educadas, cuya casi invisible presencia va, poco a poco, torturando al protagonista, hasta que su identidad y cordura se van resquebrajando. Después de leer El quimérico inquilino, cada vez que un vecino golpee el techo para quejarse porque haces ruido, te acordarás de este libro, ejecutado con precisión de cirujano y frialdad despiadada de verdugo. Un libro para intrigarse y extrañarse, pero también para preguntarse quién eres realmente, qué es lo que hace que tú seas tú.

Roland Topor

El quimérico inquilino fue la primera novela de Topor, hasta entonces dibujante  e ilustrador, que formó, junto con Fernando Arrabal y Alejandro Jodorowski, el grupo Pánico. Además de escribir otros libros singulares (como La cocina caníbal), hizo sus pinitos como actor (encarna a Renfield en el Nosferatu de Werner Herzog, por ejemplo).

Último dato: en 1976, Roman Polansky hizo una estupenda adaptación cinematográfica, The Tenant (en España se estrenó con el mismo título que el libro), con una puesta en escena inmejorable y un reparto de auténtico lujo. Una película inolvidable que es muy recomendable ver después de haber leído la novela.

El quimérico inquilino, de Roland Topor, Madrid, Valdemar, 202 páginas.



Filtraciones

24 08 2009

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Tras escuchar la noticia, apagó el televisor. En unos segundos comenzaría a sonar su móvil. Los de la oposición ya estarían aprovechando para criticar al Gobierno por la filtración, indignados ante la ausencia de cautela del Ministerio.

Desde niña le había producido una indescriptible inquietud la idea de tener un ángel de la guarda. Pensar en que hubiese día y noche un ser junto a ella, acompañándola en todo momento, siendo testigo de todas sus acciones y aun de sus pensamientos le producía, antes que bienestar, escalofríos, porque, aunque creía firmemente en la posibilidad de su existencia, no estaba tan segura de que su ángel de la guarda estuviera allí para protegerla. La cicatriz de su barbilla (columpio a los cinco años), la de su rodilla (bicicleta a los doce) y la de su corazón (Efraín Rodríguez, de 2º de BUP a los quince años) la habían inclinado siempre a pensar que su cometido era otro muy distinto.

Por eso, cuando entró a trabajar directamente a las órdenes del Ministro, se hizo el firme propósito de pensar lo menos posible en la información que manejaba, por si la teoría que había ido formulando a lo largo de los años era cierta. Ahora estaba segura. Ahí estaba la prueba. Nadie más que ella y el Ministro sabían lo del informe Sarabia. El Ministro era el menos interesado en filtrarlo. Y ella no lo había hecho. Así que, definitivamente, era cierto: los ángeles de la guarda existen. Pero su propósito no es guardarnos (en ese caso, el de los Kennedy, por ejemplo, era un absoluto incompetente), sino manejar información privilegiada y hacer uso de ella para sus propios fines.

Imaginó a su ángel de la guarda reuniéndose en secreto con el del candidato opositor y los de los rivales de Sarabia para traficar con su información privilegiada. Ni siquiera habrían tenido que buscar un parking solitario o un discreto cuarto de hotel. La reunión se habría celebrado en el éter, sin interrupciones ni testigos. Ventajas de ser los J. Edgar Hoover de la Creación, la KGB del Universo, los paparazzi de Dios.



In Paradisum

24 08 2009

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Sabio con espíritu mesiánico inventa mecanismo que permite a los elevadores ascender a los cielos. Realiza una prueba con primates. Dos mandriles pasan a engrosar, ese mismo día, las filas de los querubines, serafines y demás coristas celestiales. Noticia del invento del enésimo botón se hace pública. Fabricantes de ascensores incorporan de serie el botón del enésimo piso (o botón celeste). En poco tiempo, los cielos se pueblan de paralelepípedos de diversos colores y dimensiones, que atraviesan verticalmente el éter transportando a miles de ciudadanos de fe inquebrantable. Problemas de superpoblación en el Paraíso provocan la queja formal de las autoridades vaticanas en el nombre de Dios. Preocupadas por la posibilidad de despertar la Ira Divina, las autoridades de los países afectados (aquellos cuya población puede permitirse el elevado coste del enésimo botón) prohíben terminantemente el uso del artefacto. Aun así, plataformas ciudadanas exigen su derecho a ascender al Reino de los Cielos, sin escatimar en medios para la consecución de sus fines, incluidos el uso de la violencia o de la música de Fauré. El conflicto civil está servido. Se impone la Ley Marcial en todas las grandes capitales. Fauré es declarado indeseable. La primera noche, algunos contestatarios insisten en emprender el vuelo. Aquí y allá, sobre las grandes capitales, se observa a diversos elevadores alzándose más allá de las azoteas en actitud de franco desafío. Cuando están a punto de alcanzar las nubes, son derribados por misiles tierra-aire disparados por dispositivos antiaéreos. El ascenso a los cielos por esta vía, más tradicional, no resulta un espectáculo agradable y disuade a los últimos díscolos. Los botones celestes son desinstalados. Las fábricas de ascensores entran en crisis. El crecimiento demográfico del paraíso vuelve a sus niveles habituales. El sabio con espíritu mesiánico es defenestrado. Se permite volver a interpretar a Fauré en las grandes capitales, salvo su In Paradisum. Un niño filipino se despierta, aterrado, al sentir, flotando sobre su cama, la presencia de un mandril alado que aporrea una lira, insistiendo en un grito gutural que pretende ser el arrullo de su ángel de la guarda.



Una historia fascinante

21 08 2009

Si eres amante de la literatura en general y de las novelas de aventuras y fantasía en particular, no deberías perderte esta historia en la que hay tiranos, combates entre colosos, hombres salvajes socializados por prostitutas, paladines que se unen para luchar contra ogros y toros salvajes, y largos viajes en busca de antiguos sabios que guardan el secreto de la inmortalidad. Es un libro que salió en bolsillo a finales del año pasado y que vale la pena tanto por su acción incesante como por su belleza poética.

Para ser exactos, es una nueva edición, pero el libro no es nuevo. De hecho, es el más viejo que existe: La epopeya de Gilgamesh, el texto literario más antiguo que se conoce (se supone que las primeras versiones orales son de 2300 a.C., aproximadamente). Está recogido en unas tablillas paleobabilónicas, en escritura cuneiforme, en lengua sumeria y acadia. Desde hace unos cien años, los estudiosos trabajan en la traducción de esos fragmentos, que se van incorporando a las versiones preexistentes.

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En el Gilgamesh está la primera ramera de la ficción, la primera amistad, la primera rebelión contra los dioses, la primera elegía, la primera reflexión sobre la muerte y la primera crítica al poder absoluto. Es un libro fascinante que entusiasmó, entre otros, a Rilke y del que Borges dijo que, probablemente, ya estuvieran contenidos en él todos los temas importantes de la literatura.

Después de leerlo, entenderás mejor otros libros. Incluida la Biblia, que “tomó prestado” al Gilgamesh el asunto del diluvio (si el personaje de Uta-napishti  no es el directo inspirador de Noé, que venga Dios y lo vea).

Esta edición, al cuidado de Andrew George, con prólogo de José Luis Sampedro y abundancia de ilustraciones, notas, cuadros cronológicos y aclaraciones acerca del laberíntico panteón de dioses babilónicos, se puede leer de dos formas: los amantes de la erudición pueden disfrutarlo con todos los estudios y aclaraciones que contiene. Pero los lectores interesados sencillamente en la buena literatura pueden ir directamente a leer La epopeya de Gilgamesh (no son más que unas cien páginas) y, siguiendo a Gilgamesh y a Enkidu en sus aventuras, disfrutar como enanos con esta historia de batallas, viajes, amores, amistad y fantasía, a la que por no faltarle, no le falta ni erotismo.

La epopeya de Gilgamesh, Barcelona, Mondadori De Bolsillo, 330 páginas.



Espíritus

21 08 2009

Últimamente sus sueños son literarios. Se sueña paseando con James Joyce y Ezra Pound por Trieste, charlando con Borges sobre las Kenningar, compartiendo vinos y cigarros con Cortázar y Carol Dunlop en un apartamento en el que suena un disco de Lester Young, acompañando a Katherine Mansfield a una reunión con T. S. Elliot, Keynes y Virginia Woolf (que mira a la neozelandesa con una superioridad que no consigue ocultar su envidia). A veces, Rulfo le cuenta el argumento de esa novela que jamás escribió, mientras atraviesan la noche del D. F. en un taxi desvencijado o frecuenta cafés en las espectrales y bellas calles de Praga con Franz Kafka y Max Brod. Suele despertarse completamente desconcertada. No sabe quiénes son esas personas o por qué conoce sus nombres y sus idiomas. Ni siquiera entiende cómo puede saber hasta el más mínimo detalle de sus biografías y de esos lugares en los que jamás ha estado. Ella es analfabeta. Jamás viajó. Esos nombres, esos libros que mencionan, esas ciudades, deben de ser imágenes de espíritus enviadas por los dioses para torturarla por alguna de sus malas acciones. Pero a esas horas no hay tiempo para plantearse ese tipo preguntas. Hay que levantarse e ir encendiendo el fuego, para que se cueza el mijo mientras ella alimenta a los animales.



Pausa

19 08 2009

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Cuando ella se fue, su vida social menguó en poco tiempo. Probablemente su carácter desabrido contribuyó a ese marasmo. No lee demasiado y su principal distracción es la televisión, que enciende en cuanto llega a casa para hacerse creer a sí mismo que no está tan solo. Por eso el contenido de sus sueños es eminentemente televisivo: chicas de un anuncio de tampones bailando melodías insoportables con sonrisas de dentista psicópata y el mismo contoneo que les produciría una crisis de escozor vaginal, pilotos de automovilismo con menos cuello que un muñeco de nieve y el mismo encanto que un listín telefónico conduciendo un utilitario, soniquetes irritantes antes de que una joven recomiende un tubito de laxante que la hace estar tranquila, tipos cachas mostrando la tableta de chocolate mientras susurran el impronunciable nombre de un perfume, membrillos que llaman idiota a todo aquel que no se haya dejado robar su dinero por un banco de color chillón. Lo que no acaba de entender es por qué sólo sueña con anuncios. A veces, antes de dormir, se hace el firme propósito de soñar con divertidas comedias, documentales históricos o clásicos del cine negro. Pero no hay modo, no lo consigue. Su descanso, ahora que está solo, se ha convertido en una constante, proteica e implacable pausa publicitaria.



Nada

18 08 2009

Manchette

Esta entrada no tiene nada que ver con Carmen Laforet.

Hace (calculo) unos quince años leí (por consejo del siempre sorprendente Antonio Becerra) una pequeña joya: Fatal, de un autor francés que por entonces desconocía: Jean-Patrick Manchette. Era la trepidante historia de una asesina que tenía el objetivo de cometer el perfecto asesinato de un burgués de provincias. Aquella novela me dejó sin aliento. Después (uno sigue leyendo y, a veces, hasta adquiere conocimientos) descubrí que Manchette, aparte de unas cuantas cosas más, era autor de diez novelas negras infaltables en cualquier buena bibliografía del género y precursor del polar, evolución a partir del black norteamericano y el noir francés, en la que la novela negra se inclina hacia sus vertientes más políticas. Seguro que te suena el estilo, porque sus evoluciones recientes andan cerca de Yasmina Khadra o Antonio Lozano. Además, Thompson, sobre cuya 1.280 almas hablé hace poquito en este mismo blog era considerado una especie de “padre espiritual” del polar.

Manchette es situacionista desde Hegel y Marx, crítico con los estereotipos sesentayochistas y lúcido crítico de las estrategias de la izquierda extrema, en la cual militaba.

Tardé mucho tiempo en volver a conseguir algo de Manchette, pero este año he tenido suerte. RBA, en su Serie Negra, ha publicado Nada,  que fue escrita en 1972, apareció en España en 1988 en Ediciones Júcar y estaba en paradero desconocido hasta ahora.

Nada

Nada cuenta el secuestro del embajador norteamericano por parte de un grupo izquierdista, ridículamente desnutrido e ingenuamente liderado por un anarquista catalán y un intelectual francés. Un joven alcohólico, un camarero, un mercenario y una prostituta militante (según sus propias declaraciones), completan la cédula de combatientes, que habrá de enfrentarse a un policía sin escrúpulos en cuyas manos ha sido puesta ilimitada capacidad de medios y maniobra.

La novela supone una reflexión sobre los errores del extremismo, imperdonables porque suponen un arma fácilmente instrumentalizable por parte del Estado al que combaten.

¿No te interesa la política? Pues vale. Tienes que leerla igualmente. Es una novela rapidísima, con la intriga perfectamente manejada desde las primeras páginas, un sentido del humor exquisito y un tratamiento de la violencia que raya en lo paródico con respecto a la novela negra habitual en esa época. No te desvelo más detalles de la trama. Pero te dejará sin aliento.

Nada, de Jean-Patrick Manchette, Barcelona, RBA, 2009, 186 páginas.



Presupuesto limitado

18 08 2009

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Sus sueños eran de bajo presupuesto. Cuando soñaba que conducía, el coche nunca era de alta gama, sino un 600 o un Renault 4L. Incluso una vez se soñó pilotando un triciclo. Sus sueños eróticos eran con rameras de todo a cien, de senos vacíos y trasero inexistente. Nunca soñó que caía al abismo; soñaba con tropiezos al bajar las escaleras. Ya se había acostumbrado a sus ensueños de serie B, la noche en que soñó con que era un famoso director de cine. Al principio creía que era, nada menos, que Stanley Kubrick. Pero, en el sueño, se miró al espejo y se murió de vergüenza. Llevaba un ridículo jersey de angora. No era Kubrick; era Ed Wood.



Superproducción

18 08 2009

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En sus sueños ganaba infaliblemente en la ruleta, las tragaperras, el sorteo de la ONCE, la lotería y demás juegos de azar. El yate de sus sueños recalaba en los principales puertos del Mediterráneo y su jet privado estaba siempre llevándole de París a New York, donde despilfarraba concienzudamente un capital inacabable que ganaba sin sudar. Los hombres le envidiaban y las mujeres le deseaban en medio de grandes banquetes a los que invitaba a todo aquel que se cruzaba en su camino. Las masas le aclamaban a su paso por las grandes alamedas y alfombras rojas se desplegaban a sus pies. Así fue durante años. Por eso enfrentaba felizmente cada día, con una dulce sonrisa en su semblante matinal.

Hasta que un mal día abrió los ojos empapado en sudores fríos. No recordaba cómo había comenzado el sueño de esa noche. Pero se había traído a la vigilia una imagen espantosa: el terrible y pálido rostro de un severo inspector de hacienda.



Inclasificable Vian: El Lobo-Hombre

16 08 2009

Aunque Boris Vian estuvo muy de moda en España en los ochenta y noventa, últimamente no se habla mucho de él, así que creo que es buena oportunidad para recomendarlo, sobre todo a los que ahora son veinteañeros. Combina bien con baños de sol, viajes en avión o cervecita con aceitunas en terrazas de verano.

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Lúdico, divertido, musical, ácido, desacralizador, cruzado patafísico contra la solemnidad y, sobre todo, profundamente poético, Vian es, a mi juicio, uno de los más interesantes escritores franceses de posguerra. En muy poco tiempo (murió a los 29 años), desarrolló una actividad frenética: músico, cantante, ingeniero, actor, novelista, crítico de jazz… Pero todo lo que hizo está presidido por un humor inimitable, un cinismo a prueba de tribunales y una imaginación desbordante.

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El Lobo-Hombre es una estupenda oportunidad para sumergirse en el sorprendente universo de Boris Vian. En estos cuentos, te encontrarás con ese lobo que está amargado porque se ha convertido en hombre, con un ladrón que le roba a un obispo el corazón (no es una historia de amor: el ladrón sabe que el obispo tiene “un corazón de oro”), con bailarinas que se excitan sexualmente atropellando al personal o con una ciudad que es una orgía continua y anónima, porque ha sido invadida por una niebla cegadora y afrodisíaca. Este cuento, en concreto, se titula “El amor es ciego” y te puedo decir que se trata de un cuento inolvidable, ideal para leer en pareja. Además de eso, golfos, juerguistas, músicos de jazz y cabareteras. En resumidas cuentas: un libro que es una farra perpetua y una sorpresa continua.

Ojo: se trata de un libro adictivo. Te engancharás y te pasarás la vida releyéndolo y recomendándolo. Y luego te sabrá a poco y te harás borisvianadicto, devorando sus inclasificables novelas: El arrancacorazones, La espuma de los días, El otoño en Pekín, Escupiré sobre vuestra tumba, Con las mujeres no hay manera, La hierba roja… Ahí, ya te habrás perdido para el mundo.

Advertencia final: si eres una de esas almas sensibles y delicadas, si eres una persona decente, ordenada y políticamente correcta, una de esas personas preocupadas que se toman las cosas en serio, será mejor que dejes en paz a Vian. Te ahorrarás más de un disgusto.

El lobo-hombre, de Boris Vian, Barcelona, Tusquets, 194 páginas.



La lucidez de los perdedores: 1280 almas

16 08 2009

Como cada verano, vuelve la novela negra. Por un lado, el aluvión de títulos desorienta. Por el otro, los folletines de título impactante y kilométrico son demasiado pesados para meterlos en la bolsa de la playa. Y, además, seguro que te has dejado atrás a más de uno de los grandes.

Jim Thompson y un gato

Jim Thompson y un gato

Para grande, Jim Thompson, un poco olvidado entre nosotros, pero con un lugar destacado entre los maestros de lo negro y criminal, junto con Dashiell Hammett, Raymond Chandler o James M. Cain. Vivió una vida bastante lamentable: hijo de un sheriff corrupto (hay algo de autobiográfico en sus obras) y de una india Cherokee maestra de escuela. La literatura clásica y el alcohol llegaron a su vida, al parecer, casi al mismo tiempo y no le abandonaron jamás. Fue petrolero, guionista de cine y muchas otras cosas más, pero siempre sin salir de la más absoluta miseria y del alcoholismo. Fugaz afiliado al Partido Comunista, represaliado durante la Caza de Brujas, fue guionista de Atraco perfecto y Senderos de gloria, creador del personaje de Ironside y sus novelas han dado películas estupendas, como Los timadores, de Stephen Frears o La huida, el mítico film de Sam Peckimpah.

1280 almas en la Zona Negra de Punto de Lectura

1280 almas en la Zona Negra de Punto de Lectura

Para recordar a Thompson te propongo leer la que muchos consideran su obra maestra, 1.280 almas, un viaje a Pottsville, un pueblucho del Sur profundo norteamericano, que tiene esa población: 1.280. Allí podrás asistir a las oscuras maniobras de Nick Corey, el sheriff del pueblo, al que todo el mundo toma por un pobre cretino, cuando en realidad un hombre frío, corrupto, ambicioso y, sobre todo, inteligente. Lo que en Canarias llamaríamos un sorrocloco. Al comienzo de la novela, Corey se enfrenta a varios problemas: un honesto (y por lo tanto, peligroso) rival en las elecciones, unos proxenetas de quienes cobra sueldo pero que se le están saliendo de madre, una esposa que lo agobia y que sabe demasiado sobre él, una amante que empieza a estorbarle… Aprovechándose de su apariencia de hombre simple, Corey se moverá a sus anchas para acabar con todos esos “problemas”, apelando a cualquier recurso, incluido, por supuesto, el asesinato.

Lo mejor es que la novela está contada en primera persona por el criminal. Thompson, maestro en eso de la construcción de personajes, se da una habilidad inigualable para meterse en su pellejo. Corey nos cuenta hasta el último detalle de lo que hace, pero haciéndose pasar siempre por un pobre diablo víctima de las circunstancias. Sin embargo, entre las líneas de su discurso reconocemos siempre al canalla maquiavélico que es. Escrita originalmente en slang (vertida a un español rural por el traductor, Antonio Prometeo Moya), la novela resulta tremendamente verosímil porque el léxico y las muletillas que usa el personaje resultan muy naturales y el estilo parece sacrificado a esa verosimilitud, aunque el lector iniciado encontrará más de una referencia a la literatura culta.

Entre las páginas de 1.280 almas hallarás intriga, violencia, sexo, humor negro y reflexión sobre las pasiones humanas, sobre el poder, sobre la corrupción, sobre la doble moral imperante en la sociedad en general y en la norteamericana en particular. Pero sobre todo una novela negra dura y rápida que atrapa desde las primeras páginas e intriga hasta la última.

Para finalizar, una anécdota: cuando la famosa Serie Noir francesa llegó al número 1000, lo celebraron publicando esta novela. Y una recomendación: si te gusta 1.280 almas, no te pierdas El asesino dentro de mí.

1.280 almas, de Jim Thompson, Madrid, Punto de Lectura, 235 páginas.



Sueño embarazoso

15 08 2009

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Hombre soltero y nostálgico tiene sueño erótico con antigua amante. Como se trata de un sueño, el hombre decide no usar precauciones. Exactamente tres meses más tarde, el hombre se encuentra por la calle con su antigua amante. Charlan, se cuentan las vidas, se elogian los aspectos, quitan importancia a los estragos del paso del tiempo. Se preguntan en qué andan. Él, en lo de siempre. Ella, en cambio, tiene una buena noticia, un cambio en su vida. Está embarazada. Sí, de tres meses.



El palacio de los sueños

9 08 2009

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Todo lo que se muestra turbio y amenazante, o lo que puede llegar a serlo al cabo de los siglos, manifiesta su proyecto primero en los sueños de los hombres.

Ismaíl Kadaré. El palacio de los sueños.

Aparecida en 1980, El palacio de los sueños es considerada por muchos como la obra maestra de Ismaíl Kadaré, posiblemente el autor albanés de mayor proyección internacional. Entre sus muchos galardones, el más reciente ha sido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Pero los galardones, como ya te habrá mostrado la experiencia y el dinero que te has gastado en libros infumables, son completamente indiferentes. Lo que cuenta es el texto. Y este es un texto, en mi opinión, imprescindible.

Ismaíl Kadaré

Ismaíl Kadaré

El asunto de esta ficción es el siguiente: en el Imperio Otomano del siglo XIX,  Mark-Alem comienza a trabajar en el Tabyr Saray, el palacio de los sueños, un complejo y siniestro organismo estatal encargado de recavar, analizar, clasificar y, en su caso, censurar, los sueños de los súbditos del Imperio, que están obligados a hacer un informe diario de sus vivencia oníricas.

A través de los ojos de este funcionario y de su ascenso en los diferentes departamentos de este ministerio, en el que se encuentra con diversos enigmas e intrigas, se va desplegando una sólida alegoría sobre el poder, el totalitarismo y la cosificación del individuo a través de la burocracia. Aunque oscila entre lo fantástico, lo político y lo filosófico, la historia está contada con eficacia, con una acción que avanza continuamente y en la que los pasajes más poéticos están insertos perfectamente en una trama que jamás se detiene.

Es una novela inquietante, lúcida, sorprendente y bella. Si eres un lector iniciado, te recordará a Kafka y a George Orwell. Si no, la disfrutarás igualmente, porque la intriga está muy bien manejada y atrapa al lector casi desde las primeras páginas. En todo caso, cuando uno lee El palacio de los sueños descubre que no es un libro más, que no será fácil olvidarlo.  Eso no ocurre todos los días, así que es mejor aprovechar la oportunidad.

El Palacio de los sueños, de Ismaíl Kadaré, Madrid, Alianza, 2007, 226 páginas.



¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?, o la literatura como juego.

9 08 2009

perecGeorges Perec, historiador y sociólogo francés hijo de judíos polacos (su padre murió como soldado y su madre en Auschwitch), formaba parte del Oulipo, el Taller de Literatura Potencial, fundado en 1960 en torno a Raymond Queneau y al que pertenecieron, entre otros, Italo Calvino o Marcel Duchamp.

Los miembros de la Oulipo eran tremendamente cultos, pero alegremente irreverentes. Experimentaban con el lenguaje y los estilos literarios. Aunque su novela más celebre es La vida, instrucciones de uso (en la que se cuentan las historias de los habitantes de un edificio de viviendas con la estructura del salto del caballo en el ajedrez), Perec destacó por escribir novelas en forma de lipograma. Un lipograma es un texto en el que no figura nunca una o más vocales. Con este procedimiento escribió la singular La disparition, una supuesta novela de detectives en la que lo que el detective está buscando es la letra e, que no aparece en ningún momento en el libro (en español se tradujo como El secuestro y la que desaparece es la letra a).

Georges Perec

Georges Perec

Ahora se ha traducido por primera vez al español ¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?, una novela muy divertida y breve, escrita con mucho desparpajo y bastante sentido del humor, en la que se nos cuentan los intentos de un grupo de bohemios antimilitaristas de librar a un soldado de ir a la Guerra de Argel. Lo primero que se plantean es romperle un brazo y tirarlo por una escalera. De ahí hacia arriba, el disparate está servido, sobre todo cuando el intento de defenestración se convierte en una juerga general. En fin, una novela golfa y humorística.

Pero también se puede leer de una segunda forma: tiene una lectura alternativa en la cual, siguiendo un índice propuesto por Perec, vamos siguiendo las figuras retóricas y licencias poéticas que van apareciendo página a página.

El lector puede escoger cualquiera de las dos maneras de leerla o las dos, pero en cualquiera de ellas, hay un libro divertidísimo para disfrutarlo a carcajada limpia.

Antimilitarismo, ingenua solidaridad, sociedad civil rebelándose contra la injusticia, pero, sobre todo, el sabor de una narrativa donde la literatura se da cita con el juego y la amenidad, conviven en este libro cuyo título te costará recordar pero cuya lectura difícilmente olvidarás.

¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?, de Georges Perec, Barcelona, Alpha Decay (colección Alfanhuí), 2009, 85 páginas.



Erotismo literario

5 08 2009

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Aunque la novela había sido escrita por un autor que tenía fama de lascivo, le estaba resultando muy interesante. Ya de madrugada, se quedó dormida con el libro abierto contra su pecho. La despertó la agradable sensación de unos labios besando sus senos.



Filologías

3 08 2009

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Dado tu profundo conocimiento de la lengua, procuraré amarte con faltas de ortografía. Disfrutaré cuando señales mis errores, gozaré con tus enmiendas y mi carne ágrafa se estremecerá al contacto con tu boca, que limpia, fija y da esplendor.



Interlocutores de Dios

3 08 2009

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Ha sucedido en Tel Aviv. Un desalmado ha entrado en un centro juvenil para gays y lesbianas y la ha emprendido a tiros, hiriendo a una decena larga de personas y asesinando a dos: un joven de 26 años y una chica de 16.

Este hijo de perra aún no ha sido detenido. Iba encapuchado y vestido de negro y se le busca, al parecer, por todos los medios. Pero no será difícil encontrarle. Bastará con buscar a un sinvergüenza, catecúmeno de una de las tres religiones del libro (aunque seguramente sea un judío conservador, como el que acabó con la vida de Isaac Rabin), que piensa que todo el mundo debe ser tal y como una doctrina intelectualmente andrajosa y anacrónica por definición dice que hay que ser, y se comporta como si fuera el propietario exclusivo de la verdad. Razonar con él será imposible y, para más pistas, es muy probable que tras sus ademanes de macho de-los-de-toda-la-vida, se adivine fácilmente el trauma de una homosexualidad latente que no ha sabido aceptarse a sí misma. Y, sobre todo, este inútil será “defensor de la familia”.

Todos estos salvajes tienen ese denominador común: son defensores de la familia, de una familia tipo, un determinado concepto de familia, generalmente sometida a la autoridad de un pater familias (hombre, por supuesto) y consagrada a perpetuar unos valores tan anquilosados como espurios. Apelan a un ente abstracto denominado tradición (sustituye en sus argumentaciones a la racionalidad), cuyos contenidos varían sutil pero arbitrariamente dependiendo de los intereses que persiga el oráculo defensor-de-la-familia que ande de guardia ese día.

Defensores de la familia tenemos también unos cuantos por aquí. Son homófobos, contrarios a los matrimonios homosexuales y a la adopción por parte de parejas gays y lesbianas. Utilizan nociones sospechosas, como la de raza, patria o nacionalidad, y acusan de ideológicos a conceptos de la moderna sociología, como el de género (sí, los he oído decirlo sin ningún tipo de rubor en un canal de televisión que se llama Intereconomía TV). Se oponen (apelando, curiosa e incongruentemente, a los recursos de la democracia, los cuales  estiran a su antojo) a las cosas más dispares, como la eutanasia, el aborto, los métodos anticonceptivos, la educación para la ciudadanía, la laicidad de los centros educativos, la investigación con células madre, la integración de inmigrantes o la diversidad cultural. De igual modo confunden lo liberalista con lo libertario, y usurpan el término “libertad” para titular así a sus publicaciones. Y exigen (eso es lo más llamativo), tolerancia para las más variadas formas de intolerancia. Por eso no sienten ninguna vergüenza al organizar asociaciones pro vida al mismo tiempo que abogan por la pena de muerte; al exigir la presunción de inocencia para sus partidarios mientras piden la reinstauración de la cadena perpetua; al clamar por su derecho a difamar a diestro y siniestro (falseando, en caso necesario, hechos históricos y datos científicos) a la misma vez que llevan a los tribunales a los periodistas que destapan sus insidias. Son los de siempre: los defensores de la familia, de la tradición, del como está mandado, los que apelan a la libertad de credo para imponernos el suyo. Son (o piensan que son) los interlocutores de Dios: ayer impidieron que alguien tuviera una muerte digna, hoy disparan contra jóvenes que desean vivir su sexualidad de forma coherente con su vida pública, mañana puede que estén en tu playa, exigiendo que se oculten esos pechos que ellos desean sobajear.

Los de aquí casi nunca empuñan un M16. Disparan insultos, decretos, peticiones, protestas públicas (sí, han descubierto que existen las manifestaciones), protagonizan torpes insumisiones a las leyes progresistas. Pero en el fondo son los mismos: esos que emiten reportajes incitando al odio contra quien ellos consideran “no-normal” (como si ellos fueran normales en pleno siglo XXI) y confunden la mierda con la pomada en un discurso imbécil que les legitima como exclusivos poseedores de la verdad. De esa verdad dictada por Dios (o sus subordinados directos, porque creo que en agosto libra) que permite a un canalla tomar un arma y abrir fuego contra quienes no son ni tan ignorantes ni tan reprimidos como él.

En Israel o en España, me es indiferente, el que toma el fusil o el que lo azuza son mismo perro con distinto collar. Ambos me producen similares arcadas.