Don Quijote murió sin saber que Aldonza Lorenzo soñaba desde niña con tener un caballero andante que le diera título de señora de sus pensamientos, al cual caballero, en sus sueños, tuvo a bien poner la cara de aquel distinguido caballero cercano, de nombre Alonso y apellido Quijada, o Quesada o Quejana, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben.

(Inspirado por un texto de Marco Denevi)
Tags: short stories microrrelatos
This entry was posted
on Miércoles, Abril 16th, 2008 at 18:26 and is filed under Cuentos, General.
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed.
You can leave a response, or trackback from your own site.
Abril 17th, 2008 at 6:50
Yo también quiero ser la Dulcinea, perdón, quiero decir la Pasinea, de los sueños de mi caballero.
Abril 17th, 2008 at 6:55
No soporto a mis emuladoras. Envidiosas!
Abril 17th, 2008 at 8:53
Pues a soñar se ha dicho, Juncal.
Dulcinea: emulación es difusión.
Abril 17th, 2008 at 13:47
“El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero.” (greguería de Ramón Gómez de la Serna)
Abril 17th, 2008 at 16:22
¡¡¡VIVA DON RAMÓN, QUE DIJO QUE LOS PUENTES SON LAS CEJAS DE LOS RÍOS!!!
Abril 18th, 2008 at 15:23
¡El otro lado del río siempre estará triste de no estar de este lado. Esa pena es de lo más insubsanable del mundo y no se arregla ni con un puente.! que ¡viva don Ramón ! jajaja no me chille Sr. Ravelo