Discapacidad
Nunca fue aceptada como las demás. Era indefectible y minuciosamente expulsada de corrillos, grupos de juegos y festines en graneros. Le impedían participar, incluso, cuando sus hermanas devoraban colectivamente a un perro o un gato incauto que se había atrevido a hacerles frente. Y el motivo era algo de lo cual ella no tenía culpa alguna: su sordera. Para las demás, una rata sorda suponía una especie de afrenta que la naturaleza hacía a la comunidad. Así que se acostumbró a quedarse a un lado, a no seguir al resto en sus correrías, dada la dureza de los castigos que recibía normalmente.
Por eso, por miedo a las represalias, cuando las vio marchar en fila india tras aquel hombre tan extraño, no se atrevió a seguirlas. Porque, como todos sabían, las ratas de Hammelin podían llegar a ser muy crueles.

Marzo 26th, 2008 at 4:47
…Su deficencia, su diferencia, su hacer oidos sordos como y cuando podía delante al insoportable, fue lo que la salvó de las putas ratas malvadas y pervertidas, de su merecido final colectivo… “intrépida como Julio César,que atravesó el río a nado y vivió para llevar sus Comentarios al País de las Ratas, tan cuidadosa como el conquistador romano de preservar el manuscrito”
Squitt, squitt
Marzo 26th, 2008 at 7:12
¡Que viva la diferencia!
Marzo 26th, 2008 at 7:45
Pero todos conocemos la codicia de los flautistas…¿Quedarse sin sus cien monedas de oro?.
¿No sería él quien inventó las trampas para ratones?
Marzo 26th, 2008 at 8:18
No creo. Se le fastidiaría el negocio. jejejejejeje. Del flautista me voy a ocupar en un cuento que estoy preparando. Te prometo ser despiadado.
Marzo 26th, 2008 at 18:25
Creo que esa ratita crecio, conoció a un “ratito” (o durante un ratito?), se mudaron a California o por ahí, en donde una encantador de serpientes reconvertido por la crisis del 29 en creador de ilusiones, los bautizó como Minie y MicKy, para que nuestro hijos pudieran conocer el cuento del flautista.
Por cierto: hace un tiempo conocí a otra de su familia. Chillaba como un rata atrapada en la trampa. Nadie la oyó. Era muda.
No debí de haber dejado la fumigación.
Marzo 26th, 2008 at 19:43
Cafeñ: Al bigotudo encantador de serpientes no solían gustarles quienes eran diferentes (ya sabes lo amigo que era de Macarthy). Además, no creo que leyera a Robert Browning. jejejejejejejejejeje.
Lo de la rata muda sí que es para pensárselo.
Y tienes razón: Nunca debimos dejar el Misissipi…
Julio 5th, 2008 at 18:06
La mayoría de nosotros seguimos al grupo.
Unos cuantos seres, se distinguen del resto.
Cuando te distingues del resto, te conviertes en un desheredado, un apestado, un intruso, un desangelado…
Vivan los discapacitados, que hacen oídos sordos a los deseos de los demás; han conseguido anular la parte del cerebro que les hace camuflarse entre la masa…
Han encontrado la libertad.